A volar con las palabras… (2-2)

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Maestro Francisco Estévez

Por: Bergson Rosario.

Francisco Estévez
Nació en Alto de Amacey, Arroyo Blanco, San Ignacio de Sabaneta, Santiago Rodríguez, República Dominicana. Estudió la primaria en la escuela Arroyo Blanco; los secundarios, en el liceo Arroyo Blanco, y en el Instituto Agronómico San Ignacio de Loyola (IASIL) de Dajabón, donde obtuvo el título de Bachiller Técnico Agrícola (1987).

En la Universidad Autónoma de Santo Domingo, alcanzó el grado de Licenciatura en Derecho (2000) cum laude, y en Filosofía y Letras (2006) cum laude. Cursó una Maestría en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español (UASD). Pertenece a varias organizaciones: Asociación para el Desarrollo de Arroyo Blanco, Asociación Nacional de Profesionales Agropecuarios (ANPA), Colegio de Abogados de la República Dominica (CARD), Asociación Dominicana de Profesores (ADP), entre otras.

Laboró en el Centro para la Educación y Acción Ecológica Naturaleza (1997-2016), en proyectos de desarrollo comunitario y manejo de cuencas hidrográficas. En la actualidad, es profesor de Letras, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Desde joven escribe cuentos, fábulas y poemas. Algunos de estos últimos han sido publicados en periódicos digitales, pero la mayoría de sus escritos están inéditos. En el año 2018 publicó: “Donde el viento derrite las sombras”, un libro de poemas. Es miembro del Grupo Escritores al Viento.

Con fuerza

La voz era débil
sus pasos cortos
la fuerza imberbe.
La voz despierta
agiganta sus pasos
con fuerza.
Abstracciones inmensas.
Se levanta la voz
con fuerza.
Se desvanece la voz
con pasos tímidos
y sin fuerza.

La sonrisa

La sonrisa se estrelló en el monte
se desplegó lentamente, enrolló
sus pasos firmes, nunca como antes,
mordió sus tentáculos de cristal.
El ojo del huracán agrietó
sus pasos temblaron adoloridos
los vientos cantaron sus melodías
y bailaron inquietos de dolor.
El aliento descendió apresurado
la sonrisa respiró varios pasos.
¡El viento derritió sus fuerzas ciegas
después de saciar su angustia severa¡
La calma! Sí, la calma de entusiasmo
pintaba sus músculos de cristal
el sol coreaba su eterno brillo
frente a la mirada alegre del tiempo.

La luna

Ayer, la soledad sonreía
cuando el silencio despertaba.
Ostras azules volaban
como dulces encuentros de martillos.
La luna permeaba el odio de la pared.
Encuentros muertos
deseaban la silla
de la hipocresía.
Hoy el brillo encanta
la voz del silencio.
Dulces encuentros permean
la pared de la luna,
cuando ostras azules
duermen los martillos.

Aquel tesoro

Décadas atrás,
suspiraba la cornamusa recia
del verde intenso.
El oprobio descendía
hasta el llanto gris del instante.
Las hojas del viento bailaban
la música del bosque.
Las aves rompían el silencio
cuando la música del alba
las alimentaba.
¡Hermosa fuente de sabiduría,
aquel tesoro!
El frescor de la solemnidad
era inmenso.
Los ríos reían sin cesar
con sus aguas cristalinas.
El alimento de ese enjambre
estaba ahí, despierto
como el sol en verano.
La calma era ceniza de
cualquier encrucijada.
En los últimos años
el aire no es oxígeno.
La angustia se alimenta
del recuerdo.
¡Las hojas del viento viven tristes,
ya no bailan la música del bosque!
Los ríos lloran sucias lágrimas.
El alimento vive sordo,
sin compasión.
El viento amordaza la calma…
la angustia reina sin cesar.
Las aves duermen intranquilas,
porque no existen.
Solo queda el recuerdo…
Solo queda el frío calor del tesoro.

Viejo como imberbe

Imberbe su fortaleza era débil
corría despacio a punto seguro
el paso no descendía, mordía
sus ríos de sangre vivían siempre.
Adolescente se incorpora y mira
sube, sube y hasta vuelve a subir
el hambre corre envuelta y se levanta
el engaño acecha ¡No muerda el lote!
Adulto su velocidad no duerme
acelera sus pasos de cristal
agiganta el orden
con pensamientos firmes
por su correcta dirección.
Viejo como imberbe desamparado
la angustia sonríe de agitación
el tiempo suelta la antorcha dormida
olvido y recuerdo crecen de amor.

Lagartos de polvo

Palomas nacen
en los nidos del aire puro
mientras, truenos secos
mueren en las rocas necias
de tardes oscuras.
La lluvia encanta lagartos de polvo
como cuervos en primavera.
La alegría se frustra
por el olor de chicharras enanas
de impaciencia.
Cristales enamorados
odian la deshonra.
Martillos en flechas
se ahorcan en manada.
Cuatro tardes
se enamoran en secuencia
Solo tres despiertan.
Golondrinas rompen voces…
Mariposas se pasean a caballo
por el vientre seco de la nada.
¿Quién detiene la furia infiel…?
Llega sorda la ignorancia
y de repente se alterna
cerca del infinito.
Ojos de nube
caen sobre triángulos de miel.

Mientras dormía

Mientras dormía en tus recuerdos
despertaba una sensación
de ironía.
Pude oler el sabor de tus deseos.
Pude oler la intriga de tu amor.
Pude ver el color de tus designios.
Pude ver el ritual de tu pasión.
Escuché la voz de tu angustia.
Escuché la risa recia del clamor.
Deambulaban mis pasos en tu ternura.
Deambulaban mis deseos en tu ser.
Sentí el calor de tu decepción.
Sentí el calor de tu placer.
Olvidé callar de impaciencia.
Olvidé callar porque no entiendo…
Decidí pasear en tu montaña.
Decidí pasear por tus picos.
Empecé a beber de ti.
Empecé a beber por mí.

Desolación

La luna de duendes
corre en la oscuridad
atraviesa el infinito
y llega hasta lo más profundo
de la soledad.
Pedazos de pétalos
vuelan tras el mármol del tiempo
y develan la incógnita irreverente
del vacío.
La noche recuerda la soledad,
y duerme sola en el espejo.
La pandemia con su aguijón
muerde el día
y el otro día.
Su reloj sigue sin detenerse
y calla hasta lo imposible.

La mirada

Estoy seguro de lo que vi…
La mirada caminaba lentamente
y se ahogaba de pesar
en la longitud del día.
Era adornada por la ingrata doncella.
Se desesperaba el color era gris.
Nunca la perdí de vista,
estoy seguro de ello.
Poco a poco, la ingrata la modificaba.
Era férrea, de eso no tengo dudas.
Se movía en medio de la brisa,
la traspasaba y cada vez, más terca,
hasta que la vi convertirse en una piedra.

¿Y tú, que opinas?

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