A confesión de parte…

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Por: Gerardo Castillo Javier
La tradición sostiene que todo artista devuelve a su época lo que esta le ha dado. Es como si se hicieran ciertas, fuera de contexto, las palabras del apóstol Pablo a los cristianos de Corinto cuando les dijo: «¿Qué tienes tú que no hayas recibido?» (1 Corintios 4:7). Y en el caso de los poemas de Enmanuel Rodríguez no ocurre distinto. Tal como lo confiesa en sus palabras iniciales, los poemas que conforman Primavera de los sueños, reflejan las preocupaciones de un momento de su vida durante el que cierto sector de la juventud dominicana vio en el conocimiento y en la cultura las vías idóneas para expresar su desacuerdo y contribuir al cambio, tal como lo había señalado José Martí.

La violencia que caracterizó ese período tenía, con frecuencia, ropaje ideológico. Y en el caso de quienes eligieron como arma la cultura, la rebeldía y la violencia se expresaban a través de la selección del tema sobre el que preferían leer y escribir, del manejo de cierta terminología y de la selección de los artistas. Enmanuel pide «relevo de pruebas» pues él hace «confesión de parte».

Hay, en el recorrido que nos ofrece Primavera de los sueños, una fuerte carga de sensualidad y de erotismo. Eso se justifica no solo por la edad del autor. Influye tanto la edad como la rebeldía que le impulsaba a exigir su libertad en todos los órdenes: eso incluía la libertad sexual, por supuesto. Y es que Enmanuel, como todo chico listo y normal del período al que se circunscriben estos poemas, vivió a plenitud su tiempo y asumió el lado idealista de la contienda, ese que defendió y defiende todas las formas del derecho y de la libertad.

La terminología y la estructuración de los poemas son otro signo de los principios, no solo estéticos, que guiaban el trabajo del artista. Predomina en los poemas el verso libre y cuando aparece la rima, no es de rigor. Es decir, no es buscada. Es como si lloviera. Ocurre lo mismo con las estrofas. El poeta se deja llevar por la musicalidad y ese dejarse ir bailando con el verso crea las estrofas. Eso niega la tradición clásica, pues esta postula todo lo contario. Y es que cuando se tiene en mente qué número de versos se escribirá, se aprisiona la musicalidad, y todos sabemos cómo suena un ruiseñor en una jaula. Ahora bien, el mayor peso lo tienen ciertas palabras que no citaré. A través de ellas, Enmanuel hace gala de su rebeldía. Es, por cierto, una rebeldía algo tímida, como el fuego en la paja de arroz, que quema por abajo.

En uno de los poemas, Enmanuel hace especial referencia a Pablo Neruda y a Fabio Fiallo. La sola alusión a estos dos autores, y no me he olvidado de aquellos a quienes nombra en su «Confesión», le sitúa entre los rebeldes con causa y entre los románticos sin remedio. Son conocidas las historias de Fiallo y de Neruda. Y para que no nos quepa duda, Enmanuel juega en uno de sus poemas con el tema del poema que provocó la expulsión de Fiallo de la iglesia católica: «Gólgota rosa». Y en lo que a Neruda se refiere, le demuestra su admiración al tomar la primera palabra de uno de sus libros más celebrados y colocarla como título de sus palabras introductorias: «Confesión», refiriéndose a Confieso que he vivido. Desde mi punto de vista, una excelente selección de autores y una gran muestra de ingenio al configurar los signos y símbolos del arcano mensaje que nos deja en Primavera de los sueños.

En la maraña de símbolos que el poeta erige para mostrar y ocultar su obra, se cuela uno que no es de su autoría. En la tradición judeo-cristiana, el nombre del poeta no podría ser más significativo: Manuel, Emanuel, Enmanuel o Dios está con nosotros. Sin embargo, esa misma tradición emparenta la rebeldía, signo que atraviesa este libro, con el diablo. La paradoja, de la que la mejor imagen visual es el Yin-Yang, parece ser el signo de la vida. Y tal parece que desde los ojos del poeta nos sonríe burlona.

Libre del nihilismo, Enmanuel se bate entre el existencialismo y el hedonismo. Y por momentos pareciera que le arropara el pesimismo o el inmaduro malditismo. Pero no. A veces la rebeldía es un tornasol, por lo que cabe en ella una pizca de muchas cosas. Predomina en el poeta un racional edonismo del que me es imposible sustraerme, y vislumbro, por la dramática esencia de los textos incluidos en el presente volumen, al escritor paciente y preclaro que enriquecerá la narrativa dominicana.

Gerardo Castillo Javier.

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