¡Monseñor Eterno!
Por: Dr. Bienvenido Segura El aire se sentía limpio y puro desde aquel día que la primavera decidió hacerse eterna. Esa mañana, como todas las mañanas, el verdor de los pinos se imponía sobre los rayos del sol que apenas asomaban. Las aguas del Salto de Jimenóa se hacían transparentes y desde lejos, se escuchaba…

