Poema de tu fotografía

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Por: José Andrés Leclerc Núñez.

En la sala de los hogares de las familias de la Sabaneta de antes, pobres o menos pobres, colgaba siempre una fotografía del ser más especial de La Creación: La Madre. El nuestro no fue la excepción. Como un homenaje al Dia de Las Madres, quiero compartir con los amables lectores esta vivencia.

POEMA DE TU FOTOGRAFÍA.

Recuerdo todavía cuando Yo tenía algunos seis años, la visita
que nos hizo un dia aquel forastero de origen extraño, a quien
entregaste tu retrato deteriorado, para que obtuviera de él
uno restaurado, remozado y de mayor tamaño. Honró su
promesa el desconocido honesto, porque a efímero lapso de
haberse marchado, regresó de nuevo adonde había estado
trayendo consigo un cuadro enmarcado.

Como una alhaja costosa exhibida esplendorosa en los diáfanos
cristales de fastuosa joyería, en la salita inmaculada, limpia y
ordenada de la humilde morada tu foto pendía. En frente;
colgaba altiva, orgullosa, «De La Vanidad La Diosa», que al ver
develada tu fotografía no disimulaba sentirse celosa. Al fondo
a la izquierda, bendita se alzaba perfecta y sagrada La Virgen
María en brazos estrechando al Niño Jesús, la llama flameando
ofrenda perenne tenue y trémula su luz, era una plegaria,
súplica de fe que encendías Tú.

Tu retrato; relicario eterno de tus atributos, físicas bondades en la
juventud, fresca lozanía de tus veinte años y si eras tan bella en la
mocedad más hermosa fuiste en la senectud. Igual que en tu foto
fijo me observabas cuando avizorabas venir la tormenta, para
guarecerme con afables regaños, tirones de orejas y después,
ida la borrasca, al llegar la calma: Los sabios consejos, gráciles
caricias y besos de menta. ¡Expresiva sonrisa, cálida tu voz!
Su aliento tibiaba los fríos de Invierno, arrulló mis sueños
musitando tierno melodías de niños con las que aun duerno
sintiendo en mi cama tu lecho materno.

Transcurrido el tiempo, en una mañana triste, inopinada, trajeron
tus alas criaturas doradas ángeles de Dios ¡Emotivo Instante!
Apacible, sonriente, volaste hacia el Cielo y con tus manos
transparentes nos dijiste adiós. Como gran consuelo quedó
tu retrato el cual Yo venero con tanta ilusión, pues llena el
vacío que dejó tu ausencia trayendo a mi vida la resignación.

Hoy, vigilante silenciosa, atento, sugestiva y majestuosa sobre
acendrado mueble de madera preciosa en mi aposento reposa.
No necesito lumbre alguna para iluminar mi habitación, porque en
ella y cada rincón faro que rutila en llamarada, resplandece tu imagen
y su cautivadora mirada. Si en las sombras de las noches me entristezco,
me extravío y desoriento, vacilantes pasos de mi infancia asidos a tu
maternal sustento, tu foto, lazarillo fiel y devoto será mi guía en
todo momento. Amaneceres teñidos de pesares y apatía, como el
refulgir del Sol brillando en el firmamento coloreará las
mañanas de albricias y mucha alegría, despejando los
caminos de mi larga travesía ¡ Así es que alumbra la vida
mía, madre, TU FOTOGRAFÍA!

Autor: José Andrés Leclerc Núñez.

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