Por: Hoy.com.do
BBC Mundo.- Ana Leiderman recuerda perfectamente el día del nacimiento de su hija, que ya tiene cinco años.

“Nació el día de la primera Marcha por la Paz (el cuatro de febrero de 2008, cuando millones de colombianos salieron a las calles para exigir el fin del conflicto armado)”, le dice a BBC Mundo.

“Y después de esperar tanto tiempo, después de haber ensayado tantas veces, fue una felicidad muy grande”, recuerda.
Efectivamente, para poder quedar embarazada esta colombiana de 44 años tuvo que acudir a una clínica de fertilidad en Alemania.
Y tanto ella como su pareja habían visto como sus tres primeros intentos por quedar encinta, vía inseminación artificial, habían fracasado.
Aunque se conocían de toda la vida la relación había empezado tres años antes, y al momento del nacimiento de la niña su matrimonio -también celebrado en Alemania- ya tenía más de dos años.
Pero el estado colombiano aún no reconoce la paternidad de la pareja de Leiderman.
La razón: se trata de otra mujer, Verónica Botero.
Y la batalla de estas dos colombianas por conseguir que el Estado le permita a Botero adoptar a la hija que las dos están criando juntas se ha convertido en un caso emblemático en la lucha por la igualdad de derechos para las parejas del mismo sexo en este país suramericano, donde actualmente también se está debatiendo el tema del “matrimonio igualitario”.
Derechos. “Nosotros fuimos al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y pedimos lo que se llama adopción por consentimiento”, explica Leiderman.
La pareja ya tiene dos hijos. (Foto: cortesía Ana Leiderman)
“Aquí existe la figura y dice muy claro que el padre o la madre no biológica puede adoptar los hijos de su pareja. No dice ‘el padre o la madre del género opuesto'”.
“Pero Bienestar Familiar nos contestó con una carta sin fecha, sin radicado, sin recurso de reposición, diciendo: ‘Ya la Corte (Constitucional) le dio muchas cosas a las parejas homosexuales. Ya pueden tener pensiones y salud, pero todavía la adopción no es una opción para ustedes”, cuenta.
Efectivamente, en febrero de 2007, la Corte Constitucional colombiana determinó que las parejas del mismo sexo debían de gozar de los mimos derechos que las parejas heterosexuales en materia de herencia y propiedad, lo que convirtió a Colombia en el primer país de América Latina en reconocer legalmente derechos para parejas del mismo sexo.
Más tarde, ese mismo año, el tribunal también extendió esos derechos al tema de pensiones y los beneficios de la seguridad social.
“Aquí existe la figura (de adopción por consentimiento) y dice muy claro que el padre o la madre no biológica puede adoptar los hijos de su pareja. No dice ‘el padre o la madre del género opuesto'”
Y, en enero de 2009, estableció que las parejas de mismo sexo podían ser reconocidas como “uniones de facto” y ordenó la reforma de 42 disposiciones legales para garantizar la igualdad en materia de derechos civiles, políticos, económicos y sociales.
“El año pasado la Corte Constitucional también emitió un fallo diciendo que ya somos familia, que hay muchas formas de familia”, agrega Leiderman.
“Y además le devolvieron los niños a Charles Burr, diciendo que la homosexualidad no era impedimento (para la adopción)”, recuerda, haciendo referencia al caso de un periodista estadounidense al que le fue retiró la custodia de dos menores dados en adopción luego de conocerse su orientación sexual.
“Entonces uno pensaría que Bienestar Familiar ya debería haber rectificado. Pero en Colombia las leyes son de papel y no se aplican muchas veces”, se queja Leiderman.
Protección legal. En total, la lucha por la adopción de la pequeña -que ya tiene un hermano, de tres años de edad- ya lleva más de cuatro años.
¿Y el matrimonio gay? El 20 de julio se cumple el plazo de dos años dado por la Corte Constitucional para superar el estado de “omisión legislativa” que actualmente afecta a las parejas del mismo sexo en Colombia.
En su momento, el tribunal les advirtió a los legisladores que, de no hacerlo, las parejas homosexuales podrán proceder a formalizar su unión ante un notario.
Y, para cumplir con el término dicatdo por la Corte, el segundo debate sobre el proyecto de ley del “matrimonio igualitario” está previsto para este miércoles en el Senado.
Por el momento, el Ejecutivo mantiene una posición “neutral” en la discusi’on, que ha dividido a los legisladores colombianos.
Pero la propuesta de ofrecer a las parejas del mismo sexo la posibilidad de una “unión solemne” en lugar del matrimonio, que parece contar con el apoyo de una mayoría de congresistas, ha sido criticada por las organizaciones que defienden los derechos de las parejas del mismo sexo.
“Si nosotros hacemos el mismo contrato de arrendamiento y de medicina, entre otros, ¿cuál es la justificación para que tengamos un contrato distinto respecto al matrimonio?”, le dijo por ejemplo al diario El Tiempo Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa.
Y la propuesta de “unión solemne” no garantizaría por sí sola el derecho de adopción para este tipo de parejas.
La solicitud original fue presentada el seis de enero de 2009 y la resolución negativa del Instituto de Bienestar Familiar fue objeto de una tutela ante un tribunal local, que determinó que al negarse a procesar la solicitud de adopción el ICBF había violado los derechos de dos ciudadanas.
La institución apeló sin embargo la decisión judicial ante el Tribunal Superior de Antioquia.
Y cuando en enero de 2010 dicho tribunal volvió a fallar a favor de las dos mujeres, la Procuraduría General de la república intervino para pedir que el tema fuera ventilado por la Corte Constitucional.
“Es que el Procurador es súpergodo [conservador]”, afirma Leiderman.
“Y lo que han hecho los magistrados conservadores [de la Corte Constitucional], con presión de la iglesia es dilatar, dilatar y dilatar (la decisión)”, se queja.
Para Leiderman, la situación lo único que hace es desproteger a la pequeña, actualmente registrada como hija de una madre soltera.
“La idea es darle a la niña la protección legal de dos adultos. Que en el momento que yo falte haya otra persona que se encargue. Además de darle a Verónica el estatus de otra mamá que merece”, le dice a BBC Mundo.
“Por ejemplo, Verónica me puede cubrir a mí con su seguro de salud, pero no a los niños. Yo tengo que cotizar por separado porque no son hijos de ella”.
“Pero además, como ella no tiene nada legal con los niños, si nos separamos -que no vaya a pasar- yo puedo coger a los niños y decir: ‘estoy aburrida en Colombia, me voy para donde mis papás en Estados Unidos’ y ella no puede decir nada”.
“Y de la misma manera, si ella dice: ‘Estoy jarta [sic], mamada de la maternidad, tenga a sus muchachos’, yo no la puedo demandar por alimentos, no puedo decir vea estos niños son de las dos ayúdeme a criarlos, a sostenerlos, a educarlos. Es una protección de lado y lado”, explica.
“Las mujeres equivocadas”. La situación también acarrea inconvenientes de tipo práctico, que las mujeres han intentado solucionar a través de contratos y poderes –por ejemplo, para autorizar a los niños a viajar solos con Botero, en caso de emergencia.
“La idea es darle a la niña la protección legal de dos adultos. Que en el momento que yo falte haya otra persona que se encargue. Además de darle a Verónica el estatus de otra mamá que merece”
Pero, en términos generales, su vida es como la de cualquier otra familia, afirma Leiderman.
“A nosotras nos conocen en todas partes, en el colegio saben, los vecinos, los porteros, los colegas… Y todo el mundo nos trata bien. Los únicos que nos han discriminado ha sido el gobierno”, dice Leiderman.
Pero la oposición de los sectores más conservadores del país a la adopción de menores por parte de parejas homosexuales es bastante fuerte.
Por ello las dos mujeres se están preparando para llevar el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
“Si el gobierno colombiano, si la corte colombiana no quiere decidir, vamos a hacer que alguien decida por ellos, pero nosotras nos vamos a quedar quietas”, le dice a BBC Mundo.
“Se metieron con las dos mujeres equivocadas. Somos dos mujeres educadas, que sabemos defender nuestros derechos, que tenemos recursos, que tenemos gente que nos apoya, que no nos da miedo mostrarnos, que no nos da miedo decir lo que valemos y lo que valen nuestros hijos y nuestra familia”, concluye.
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