La Guachipa o Peseta, la enfermedad de la Guerra de Abril que cumple 55 años

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Imágenes históricas de 1965. / Archivo Listín

Por: Dalton Herrera.

Santo Domingo, RD. El derramamiento de sangre entre los constitucionalistas y los golpistas que no querían a Juan Bosch en la presidencia cobró la vida de al menos 6,000 dominicanos en 1965. En aquellos días un enemigo silente atormentó a la población de la capital durante la histórica contienda bélica.

Una enfermedad de la piel afectó a gran parte de la población, debido a su rápida expansión en el Gran Santo Domingo, según un informe de la Cruz Roja Internacional, publicado en el Listín Diario, el 9 de noviembre de 1965.

Las personas de la época primero la llamaron «Guachipa» y posteriormente «Peseta», este último debido a las ronchas e irritaciones en forma de moneda que se formaban en la piel de la gente, cuenta Alejandro Paulino Ramos en un reportaje que rescata este importante dato histórico.

Y aunque no se registró ninguna muerte por esa enfermedad, el informe de la Cruz Roja Internacional señaló que más de 200,000 personas fueron vacunadas para evitar otras epidemias que podrían suscitarse en la capital dominicana debido a la cantidad de muertos que se apilaban en las calles, fruto de los combates y escaramuzas que se daban en los distintos puntos de la zona constitucionalista.

La revuelta

El primer mensaje que exigía el retorno del presidente Bosch, derrocado un año y siete meses antes por fuerzas antidemocráticas, lo emitía el teniente coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez, uno de los principales dirigentes del levantamiento militar que aquel 24 de abril de 1965 demandó la salida del poder de los triunviros Donald Reid Cabral y Ramón Cáceres Troncoso.

Y aunque Hernando Ramírez fue el primero en comunicar hace 55 años las intenciones de exigir el regreso a la Constitución de 1963, fue el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez el verdadero ideólogo de la revuelta que derrocaría al Triunvirato.

No obstante, Fernández Domínguez había sido sacado del país como agregado militar designado en Chile, y en su lugar, el líder indiscutible de la revuelta había pasado a ser Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Reid Cabral, quien encabezaba el Triunvirato, había ordenado toque de queda nacional y emplazaba a los militares rebeldes a rendirse.

“De no acceder al llamado, tropas leales al Gobierno cumplirán con su deber”, había expresado el triunviro en su mensaje de advertencia ante la nación.

No obstante, tanto el cuartel militar “16 de Agosto” como el “27 de Febrero”, además del apoyo de la mayor parte del pueblo dominicano,  terminaron de desmoronar en menos de 24 horas al Triunvirato de Reid Cabral y Cáceres Troncoso.

Tras el derrumbamiento del gobierno de facto, ascendió al poder una gestión provisional encabezada por Rafael Molina Ureña, quien pasó a posicionarse para servir de transición al retorno de Bosch que estaba exiliado en Puerto Rico.

Una facción militar encabezada por el general de brigada Elías Wessin y Wessin objetaba tales fines, lo que desencadenó en la cruenta Guerra de Abril.

Durante tres largos días, hombres, mujeres y niños se colgaron un fusil al hombro, se armaron hasta con piedras para defender los ideales que entendían correctos. Madres de militares congestionaban las emisoras con llamados de concienciación a sus hijos para hacerlos recapacitar y que estos se cambiaran al bando constitucionalista.

Molina Ureña optó por acudir donde el embajador estadounidense en el país, William Tapley Bennett, para negociar una solución a la grave situación en la nación. Pero la respuesta del diplomático cambiaría todo: “Ustedes no están en disposición de negociar sino de rendirse”…

La Guerra de Abril de 1965 se convertiría en un abrir y cerrar de ojos, en una Guerra Patria.

“El estallido de abril de 1965 no fue sino la respuesta al modelo de modernización que había utilizado Trujillo”, dice el historiador Roberto Cassá en su texto Personajes Dominicanos, tomo II.

“Los poderosos habían logrado, entre 1961 e inicios de 1962, una transición favorable a sus intereses que echaba de lado reformas sociales. El capítulo más sobresaliente de esta estrategia conservadora fue el golpe de Estado de 1963”.

Tras la muerte del dictador Trujillo, dice el historiador, los oficiales académicos se dividieron en un ala derechista, que encabezaba el coronel Elías Wessin y Wessin, y un ala democrática, liderada por el teniente coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Con el conflicto cívico militar corriendo, y producto de una victoria del sector constitucionalista, se produjo la segunda intervención militar de los Estados Unidos en suelo dominicano. Fue el día 28 de abril, a cuatro días de comenzar los reclamos de vuelta a la Constitución de 1963.

Historiadores dominicanos cifran en 42,000 (Cassá habla de 22,000 efectivos en tierra) los marines que desembarcaron en el país para convertirla en una lucha desigual, que transformó el conflicto interno en una lucha nacional.

Los marines se impusieron y se pactaron elecciones democráticas para 1966, un proceso electoral ganado por Joaquín Balaguer, el comienzo de sus famosos 12 años de continua represión. Por el ala liberal se presentó a elecciones nueva vez el profesor Juan Bosch, quien no pudo salir a las calles a realizar campaña electoral, alentando el voto prácticamente por radio desde su casa.

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