Haití da un paso histórico hacia la estabilidad: Fils-Aimé asume el poder ejecutivo con el respaldo de Washington y la promesa de elecciones
Puerto Príncipe vive un momento decisivo tras la disolución del Consejo de Transición, mientras el nuevo líder enfrenta el desafío de pacificar un país devastado por la violencia de pandillas
Por: Juan Pablo Bourdierd.
Puerto Príncipe, Haití. – El sol del Caribe amaneció este sábado sobre una ciudad que respira con cautela. En el corazón de Puerto Príncipe, donde las pandillas armadas aún controlan nueve de cada diez calles según la ONU, se consumó ayer una transición política que muchos haitianos observan entre la esperanza y la incertidumbre. Alix Didier Fils-Aimé, un empresario de 54 años que hasta hace meses regentaba tintorerías y presidió la Cámara de Comercio, se convirtió en la única figura del poder ejecutivo de Haití tras la disolución del Consejo Presidencial de Transición (CPT), cerrando un capítulo de casi dos años de gobernanza colegiada que deja al país más pobre de América al borde del abismo institucional.
La ceremonia de traspaso, celebrada bajo estrictas medidas de seguridad en la Villa de Accueil, tuvo un aire de urgencia histórica. Laurent Saint-Cyr, último presidente rotativo del CPT, entregó las riendas con una advertencia que resonó como un eco de la gravedad del momento: «El lema es claro: seguridad, diálogo político, elecciones, estabilidad. Señor primer ministro, en este momento histórico sé que usted mide la magnitud de la responsabilidad que asume ante la Nación».
Haití: El respaldo estadounidense: una balsa en medio de la tormenta
Mientras Fils-Aimé pronunciaba sus primeras palabras como jefe exclusivo del Ejecutivo, a pocos kilómetros de distancia, en las aguas territoriales haitianas, tres buques de guerra estadounidenses patrullaban como símbolo tangible de una alianza que Washington ha decidido sellar con fuego y diplomacia. La Embajada de Estados Unidos en Puerto Príncipe no esperó ni una hora para emitir un comunicado en redes sociales que dejaba clara su posición: «Reconocemos la transferencia pacífica de autoridad hacia el primer ministro Fils-Aimé y el Consejo de Ministros».
El mensaje no es casual. Durante semanas, la administración del presidente estadounidense había jugado sus cartas con una claridad meridiana. El 23 de enero pasado, el secretario de Estado Marco Rubio mantuvo una conversación telefónica con Fils-Aimé que funcionó como escudo diplomático contra quienes, dentro del propio CPT, buscaban destituirlo antes del fin del mandato del consejo. «La violencia actual causada por las bandas solo se puede detener con un liderazgo firme y consistente», advirtió Rubio entonces, en una clara señal de que Washington había elegido su caballo en esta carrera contra el tiempo.
El Departamento de Estado fue más allá: sancionó a dos miembros del CPT y a un ministro, acusándolos explícitamente de tener vínculos con las pandillas que han convertido la capital haitiana en un territorio de nadie. «Estados Unidos se asegurará de que haya un alto costo para los políticos corruptos que apoyen a las bandas violentas», amenazó el comunicado oficial, dibujando una línea roja que pocos en la clase política haitiana se atreverán a cruzar ahora.
Un país sin elecciones desde hace una década
Las cifras que hereda Fils-Aimé son desoladoras. Haití no celebra elecciones desde 2016, cuando Jovenel Moïse resultó elegido presidente. Su asesinato en julio de 2021 sumió al país en un vacío de poder que el CPT, creado en abril de 2024 bajo el auspicio de Naciones Unidas, no logró llenar. Mientras tanto, las pandillas armadas —lideradas por figuras como Jimmy Cherizier, alias «Barbecue»— han tejido un imperio de violencia que según datos de la ONU dejó casi 6.000 muertos solo en 2025 y desplazó a 1,4 millones de personas.
Frente a este panorama, el nuevo primer ministro eligió un discurso que mezcló la solemnidad del juramento con la urgencia de quien sabe que el tiempo es su peor enemigo. «Nuestra unión nos hará invencibles juntos en torno a la hoja de ruta: seguridad, elecciones, recuperación económica», declaró, prometiendo que «las bandas y quienes las apoyan serán perseguidas» y que «el Estado recuperará cada zona ocupada hasta el día en que todos los niños puedan ir al colegio sin miedo».
El compromiso electoral es concreto: Fils-Aimé anunció que su gobierno movilizará todas las estructuras del Estado para organizar comicios inclusivos, con una primera vuelta prevista para el 30 de agosto y una eventual segunda vuelta el 6 de diciembre de este año. «El poder será entregado a dirigentes elegidos por el pueblo», prometió, intentando disipar los fantasmas de un pasado reciente plagado de elecciones cuestionadas y golpes de Estado institucionales.
La batalla por las calles
Sin embargo, entre las promesas y la realidad se extiende un territorio hostil. La Policía Nacional haitiana, respaldada por la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad liderada por Kenia, ha lanzado en las últimas semanas una ofensiva sin precedentes en el centro de Puerto Príncipe. La operación logró desalojar a «Barbecue» de sus bastiones, pero los analistas advierten que la victoria podría ser temporal si no se acompaña de una estrategia integral de desarrollo social y desmovilización.
Fils-Aimé lo sabe. En su discurso de asunción, enfatizó que la lucha contra las pandillas no admitirá «descanso ni tregua», prometiendo coordinación entre la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas. Pero la historia reciente de Haití está llena de operativos militares que solo lograron desplazar la violencia de un barrio a otro, sin tocar las raíces estructurales del problema: la pobreza extrema que afecta a más de la mitad de la población, la ausencia de servicios básicos y la desintegración de las instituciones estatales.
Una transición inconclusa
El propio Fils-Aimé reconoció ayer que la transición «no ha terminado». Su llegada al poder no fue lineal: designado primer ministro en noviembre de 2024 tras la destitución de Garry Conille, sobrevivió a un intento de golpe interno del CPT a finales de enero, cuando cinco de sus siete miembros votaron por su destitución. Solo la intervención decidida de Washington y la resistencia de sectores del consejo impidieron su caída.
Ahora, con el CPT disuelto y convertido en el único rostro del Ejecutivo, el empresario de la tintorería que estudió en la Universidad de Boston debe demostrar que puede gobernar un país fracturado. Su principal desafío será tejer consensos con una clase política atomizada en decenas de partidos y facciones, muchos de los cuales ven en el caos una oportunidad para negociar posiciones de poder.
La comunidad internacional observa
La reacción de la comunidad internacional ha sido cautelosamente optimista. Francia, antigua potencia colonial, emitió un comunicado instando a «todos los actores políticos haitianos a perseguir las prioridades de la transición: el restablecimiento de la seguridad, la organización de elecciones y la lucha contra la corrupción». La ONU, por su parte, mantiene alerta su operación de paz mientras advierte que el 90% de Puerto Príncipe sigue bajo control de grupos armados.
Para los haitianos comunes, que enfrentan diariamente la escasez de alimentos, el colapso del sistema sanitario y la imposibilidad de transitar seguros por sus propias calles, los discursos políticos suenan lejanos. Pero en los mercados de Puerto Príncipe, en los barrios periféricos donde el agua potable es un lujo y en los campos de desplazados que albergan a cientos de miles de familias, persiste una chispa de esperanza. «Quizás esta vez sea diferente», susurra Marie-Louise Joseph, una vendedora de frutas de 47 años que perdió su hogar en un incendio provocado por pandillas el año pasado. «Solo queremos poder votar sin miedo, que alguien nos devuelva la paz».
Esa paz, esquiva desde hace décadas, es ahora la única moneda de cambio que puede legitimar al gobierno de Fils-Aimé. Con el reloj electoral corriendo y las pandillas acechando desde las sombras, el nuevo primer ministro tiene hasta diciembre para demostrar que Haití puede renacer de sus cenizas. El mundo observa, los buques estadounidenses vigilan y los haitianos, una vez más, apuestan su futuro a una promesa de cambio que la historia les ha enseñado a recibir con cautela.
Alix Didier Fils-Aimé, de 54 años, es empresario del sector de tintorerías y ex presidente de la Cámara de Comercio de Haití (2011-2016). Estudió en la Universidad de Boston y fue candidato al Senado en 2015. Asumió como primer ministro en noviembre de 2024 y se convirtió en jefe exclusivo del Ejecutivo el 7 de febrero de 2026 tras la disolución del Consejo Presidencial de Transición. Las elecciones generales están previstas para agosto y diciembre de 2026.
Fuentes Oficiales Citadas:
: Embajada de Estados Unidos en Haití. Comunicado en redes sociales, 7 de febrero de 2026. «Reconocemos la transferencia pacífica de autoridad hacia el primer ministro Fils-Aimé y el Consejo de Ministros».
: Departamento de Estado de Estados Unidos. Secretary Rubio’s Call with Haitian Prime Minister Fils-Aimé, 23 de enero de 2026. Comunicado atribuible al Portavoz Principal Adjunto Tommy Pigott.
: Departamento de Estado de Estados Unidos. Visa Restrictions for Haitian Officials Empowering Terrorist Gangs in Haiti, 28 de enero de 2026. Comunicado atribuible al Portavoz Principal Adjunto Tommy Pigott.
: Departamento de Estado de Estados Unidos. Visa Restrictions for Transitional Presidential Council (TPC) Members for Supporting Gangs, 25 de enero de 2026.
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