Por: Sergio H. Lantigua

Pennsylvania, USA. Que tan sofisticada o entendible verborrea podríamos manipular para fidedignamente exteriorizar las heterogéneas sensaciones que nos embargan, al sentir ese gusanillo apremiante de patentizar un pensamiento inspirativo, una inquietud engendrable, o meramente garabatear una cuartilla virgen con líneas sin sentido figurado, sin objetividad condicionada; todo ello por el súbito apetito de tener que escribir, o porque la musa creativa que indiscriminadamente todos detentamos, nos secretea patetismos al oído.

La prescripción idónea para descarchar el alma de sus perturbaciones intestinas, es cuando en esos imperiosos instantes de aprehensión, regurgitamos el prurito y ponemos en práctica el uso autártico del puño y la letra, no consisamente para preludiar en una labranza literaria aspirante o meritoria de galardones descollantes entre la feligresía, sino como un viaducto o subterfugio transfusible para excretar nuestras anodinas propensiones cotidianas.

Si le supeditamos una analogía ecuánime al argumento justipreciado, llegaríamos a la inferencia irrefutable de que fundamentalmente, todos somos escritores, poetas, filósofos, etc., la disimilitud estriba en la embergadura eximia o baladí del objetivo perseguido cuando lo hacemos sin aguardar por el consentimiento erudito-autocrático de la Real Academia Española. Porque es precisamente, ésta estulticia, que amojona los indecisos en anónimos mayoritarios y a los temerarios en minoridad con nombradía descollante.

Entonces, porque no deponer al execrable complejo de inferioridad que nos traba, estorbo desmoralizador que en la generalidad de las ocasiones, solo obstaculiza el despliegue total de nuestras recatadas facultades y aspiraciones, transigiendo a que nunca lleguen a ser enjuiciadas por su mérito y culteranismo.

Vaya pués, mi espaldarazo incondicional e incentivador a todas aquellas personas que detenten las cualidades idóneas, y cuyas ambiciones sean incursionar en éste privilegiado entorno y que todavía pernoctan bajo el cobertizo del oprobioso titubeo para que se atrevan de una vez por todas; porque nunca averiguarán sus verdaderos méritos hasta que no los arrojen al redondel de la opinión pública draconiana.

Este tema ha servido como arquetipo para la elaboración de la prosa que en ésta ocasión preparamos para su condescendiente consumo.

Desde Pennsylvania, USA.

Su servidor y compueblano.

Sergio H. Lantigua (Hijo de Sergio Lantigua-El Relojero)

arlsergio@yahoo.com

 

CUANDO ESCRIBO

Cuando escribo, descarcho mi corazón de su madriguera de tribulaciones

Le pongo compuerta a lo tangible y le entreabro las acequias a lo utópico

Canalizo el desaguadero de mi inspiración hasta un remanso analgésico

Cuando escribo, los intervalos se tornan urgidos emboscando mi musa

Mis sentidos se despabilan ante la perspectiva de amamantar un poema

Cuando escribo, solo usufructo la creatividad y mis neuróticos sentimientos

Quienes van estructurando y encarrilando cada perfil caligráfico de mi puño

Y asi monopolizado en su génesis – aborta el poema novel sin ser bautizado

Si tan solo con una moraleja de amor se pudiesen exterminar los conflictos

Y se erradicara la escasez de cultura – dedicaríamos más tiempo para hacerlo

Quisiera conmutar el mundo pero no puedo solo con el trazo de mi pluma

Cuando escribo, lo hago con la esperanza de tocar aunque sea un solo corazón

Y si mis versos atenuan el sufrimiento de un alma melancólica como la mia

Con ello habré conquistado la batalla primaria de como reanimar el espíritu

PENSAMIENTO:

MIENTRAS MAS CULTOS NOS CREAMOS MAS AUTOCRITICOS DEBEREMOS SER CON NUESTROS PENSAMIENTOS – Sergio H. Lantigua

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