Chernóbil
Chernóbil: foto: CCTV camera/ commons.wikimedia
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Tras casi cuatro décadas, la ciencia detecta una huella genética ligada a Chernóbil

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Un estudio internacional identifica un patrón de mutaciones hereditarias asociado a la exposición paterna a radiación

Por: Juan Pablo Bourdierd

Prípiat, Ucrania. – Durante casi 40 años, una de las preguntas más persistentes tras el accidente nuclear de 1986 ha sido si la radiación podía dejar una marca genética transmisible a los hijos de quienes estuvieron expuestos. Ahora, un nuevo análisis genómico sugiere que esa huella existe.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Bonn ha identificado lo que describen como una “firma mutacional” heredable en descendientes de hombres expuestos a radiación ionizante tras el desastre de Chernóbil. El hallazgo aporta nuevas evidencias al debate científico sobre los efectos intergeneracionales de la radiación.

Chernóbil: un análisis comparativo a gran escala

Para llegar a estas conclusiones, los científicos examinaron genomas completos de varios grupos con distintos niveles de exposición.

El estudio incluyó:

  • 130 hijos de liquidadores de Chernóbil, quienes estuvieron sometidos a dosis de radiación de hasta 4.080 miligrays (mGy).
  • 110 hijos de antiguos operadores de radares militares alemanes, expuestos a dosis menores, de hasta 353 mGy.
  • Un grupo de control formado por 1.275 personas sin antecedentes familiares de exposición a radiación ionizante.

El objetivo era detectar patrones específicos en el ADN que pudieran asociarse directamente con la radiación recibida por los padres.

Qué tipo de mutaciones se analizaron

En lugar de centrarse en mutaciones aisladas comunes, los investigadores buscaron un fenómeno más concreto: mutaciones de novo agrupadas.

Estas alteraciones consisten en múltiples cambios genéticos nuevos concentrados en un fragmento muy corto de ADN (aproximadamente 20 pares de bases). Este tipo de patrón es menos frecuente y puede revelar mecanismos de daño genético más específicos.

Los resultados de Chernóbil: una relación proporcional con la dosis

Los datos muestran una diferencia clara entre los grupos analizados:

  • Hijos de liquidadores de Chernóbil: 2,65 mutaciones agrupadas por descendiente.
  • Hijos de operadores de radar: 1,48 mutaciones agrupadas.
  • Grupo de control: 0,88 mutaciones agrupadas.

La tendencia observada indica que el número de mutaciones aumenta conforme lo hace la dosis de radiación recibida por el padre.

El mecanismo biológico detrás del fenómeno

La explicación apunta a las llamadas especies reactivas de oxígeno (ROS), moléculas generadas por la radiación que pueden provocar roturas en la cadena de ADN.

Cuando el daño afecta a células germinales masculinas —como los espermatozoides—, los sistemas de reparación celular intentan corregir las alteraciones. Sin embargo, este proceso no es perfecto y puede introducir errores adicionales. Esos errores serían los que, acumulados, pasan a la siguiente generación.

¿Implica esto un mayor riesgo de enfermedad?

Aunque el hallazgo confirma la existencia de una huella genética heredable, los investigadores subrayan que esto no equivale a un aumento significativo de enfermedades genéticas en la descendencia.

De hecho, la literatura científica señala que un factor cotidiano como la edad del padre tiene un impacto más constante en la aparición de mutaciones nuevas. Cada año adicional de edad paterna en el momento de la concepción puede añadir entre una y dos mutaciones de novo aisladas en el ADN del hijo.

En otras palabras, la presencia de estas mutaciones no implica automáticamente consecuencias clínicas graves.

Un avance clave en la genética de la radiación

El estudio no solo reabre el debate sobre los efectos a largo plazo de los accidentes nucleares, sino que también demuestra cómo las tecnologías actuales de secuenciación permiten detectar patrones genéticos que hace décadas eran invisibles.

Casi 40 años después de Chernóbil, la ciencia empieza a descifrar con mayor precisión qué ocurre en el ADN cuando la radiación entra en juego —y cómo ese impacto puede trascender generaciones.

Con la información de Xataka y el periodista José A. Lizana

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