Violencia de género y la asignación errónea de roles

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Lianuska Santos Vargas - Estudiante de Comunicación Social

Por: Lianuska Santos Vargas. – Estudiante de Comunicación Social.
La violencia de género mal de carácter social que arropa a distintos estratos afectando no sólo a hombres y mujeres pertenecientes a las altas esferas sociales, sino también a aquellos menos pudientes que viven en las zonas marginadas del territorio nacional, constituye uno de los signos más evidentes del estado de descomposición en el que se encuentra nuestra sociedad actual.

Esa misma violencia que podemos presenciar a diario en los noticieros de actualidad o incluso leer en titulares de periódicos de circulación nacional, tiene sus raíces en el machismo recalcitrante que no acepta a la figura de la mujer como igual al hombre y que además denota sus cualidades de ser humano, colocándola de manera relegada en último lugar al momento de expresar sus ideas o defender sus derechos.

Un machismo que ha sido irónicamente inculcado por cada abuela, madre, hija y hermana y que resuena en nuestros oídos con frases tan comunes como ¨las mujeres son para la cocina y los hombres no¨ o ¨el hombre es quien manda en la casa¨, mismas frases que terminan grabándose en la mentalidad de algunos individuos creando una distinción conveniente en base a su propia conveniencia en la que la figura femenina dista mucho de ser respetada o comprendida como ser humano.

De igual modo, en una sociedad de dispares donde el hombre y la mujer continúan su lucha antagónica por la supremacía en relación a la superación personal, capacidad de adquisición, cantidad de logros, entre otros, la cultura de un feminismo  exagerado contribuye aportando su cuota de responsabilidad en los casos de violencia así como  en la formación de mujeres igualmente intolerantes con respecto de la figura del varón, es por ello que a menudo, somos testigos de casos en los que no solo el hombre abusa física y moralmente de la mujer , sino que éstas, también impelidas por el ímpetu de ¨hacerse justicia por sus propias manos¨ cometen una serie de actos que nada tienen que ver con la dulzura y el amor que  deben caracterizar a la mujer dentro de una pareja.

Tal es  la diferenciación que se hace con respecto a la figura femenina y la masculina, que en el país hemos acuñado el término de feminicidio para tipificar los casos de violencia en los cuales la víctima es una mujer, sin embargo, sería correcto el término  de “machicidio” en caso contrario? Con esta simple aseveración queda revelada la realidad de la existencia del abismo que aún no ha podido ser superado por hombres y mujeres en el seno de la sociedad: la incapacidad de estos de caminar juntos por la vida, de aceptarse como iguales y respetarse en base a ello.

Si analizamos la forma en la que hombres y mujeres son educados desde la etapa de la infancia, podemos encontrar en ella fuertes rasgos de diferenciación pero más allá de ello encontramos también, la asignación de los roles que cada uno de estos deben cumplir en su vida por medio de la imposición, primero del núcleo familiar, después de la sociedad misma.

Así vemos como desde temprana edad a las niñas se les educa en base a su función de ser esposas y procrear, obviando el libre derecho a elección a desarrollarse en todos los niveles de su personalidad  al cual los seres humanos deben tener acceso; en ese proceso de ¨educación, a las niñas se les condiciona de manera silente a través de inocentes juegos como el jugar ¨a mamá y a papá¨,  a las cocinitas¨ , entre otros, asignándoles el rol de ama de casa: en cambio, esa misma sociedad que educa a las niñas para ser amas de casa, esposas y no tener derecho a expresarse libremente, es la que educa de manera errónea a los niños diciéndoles que ellos mandan, son los fuertes, son la autoridad y por tanto, nadie puede llevarles la contraria.

Cuando la sociedad educa en esta forma (sin fomentar los valores de la igualdad a pesar de las diferencias características de cada género) está propiciando el clima perfecto para que ocurran casos de violencia de género ya sean estos motivados por el machismo, por los celos, la inseguridad con respecto a la pareja o simplemente como una respuesta a las distintas tensiones sociales que los individuos viven a diario en una sociedad compleja, cambiante y convulsa.

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