Por: P. Guillermo Perdomo SJ
Dajabón. Mons. Tomás Abreu ofreció este valioso testimonio a través de Radio Marién, el día en que la Diócesis de Mao-Montecristi le celebró su cumpleaños número 80, el 30 de septiembre del 2010, Día de San Jerónimo, cuando su salud estaba ya afectada.

Dedicamos toda la programación a recibir felicitaciones, oraciones por su salud y aportes para ayudar con el costoso tratamiento. El estuvo oyendo. Y llamó pasado el mediodía para agradecer, regalándonos también el relato que muchos no conocían.

Mons. Abreu nos contó que llegó con su mamá, desde Jarabacoa, en montura, al Santo Cerro, para iniciar su formación hacia el sacerdocio. Este relato es esencial para comprender su devoción a Las Mercedes, que le da nombre al seminario menor de la Diócesis que fundó. También ayuda a entender su reverencia a la Santa Cruz, en cuya fiesta de exaltación, se produjo la dedicación de la Catedral Santa Cruz, de Mao.

Testimonio de Mons. Abreu en vivo para Radio Marién
“…Yo tenía 13 años y pico…no había cumplido los 14 años todavía. Y nos fuimos al Seminario Menor Padre Fantino, del Santo Cerro. Y allí amarramos las monturas al lado del Santuario (que no estaba como está ahora, tan bonito, …).
Amarramos los animales allí, y mamá quiso que la primera visita fuese a la Virgen de las Mercedes, porque para ella era lo más grande que había en el Santo Cerro… desde luego. Y entramos al Santuario, y nos pusimos allí a orar, delante de la imagen de la Virgen de Las Mercedes.

Y ella… expuso esa plegaria, llorando como una Magdalena, porque era la primera vez que me dejaba a mí, su hijo, diríamos, casi el más pequeño, (había detrás de mí dos más… pequeños). Pero aquel que de su mano iba todos los días a las seis a la misa de la Parroquia era yo. Y ella… pidiéndole al Señor que me llamara, quizás, para ese ministerio…
El caso es que yo la escuché expresarse así:

“Virgen de Las Mercedes, tú sabes que este niño, mi hijo, nunca se ha separado de mí. Nunca ha vivido lejos de su casa. Ahora tiene que pasar quién sabe cuántos años aquí.
Yo te lo pongo en tus manos, querida…Madre de las Mercedes. Lo pongo en tus manos. Tú vas a ser de ahora en adelante su madre…Tú vas a ser la que guíe y oriente su vida, para que no falle su vocación. “

Yo llorando, sin saber por qué lloraba… Pero era un momento tan emocionante, que no se podía hacer otra cosa, mirándola a ella, y mirando la imagen de la Virgen, pues lloraba también con mi mamá, mientras ella hacía esa oración de entrega de su hijo a la Virgen de Las Mercedes.
El caso es que yo lo tomé en serio toda la vida. Y nunca, nunca, dejé de lado esa devoción… tan profunda a la Santísima Virgen, bajo ese título de Las Mercedes, redentora de cristianos cautivos. (Tanto cautiverio que hay, en el mundo de hoy, y siempre lo ha habido. Debería ser… más conocida la devoción a la Virgen de Las Mercedes.)
De todas maneras, salimos de allí, del Santuario, después de haber visitado también… el Santo Hoyo, donde estuvo clavada la cruz, donde se apareció la Virgen de las Mercedes.
Visitamos el Santo Hoyo. Rezamos allí una oración en silencio. Y salimos del Santuario realmente con el corazón, diríamos, arrugado del sentimiento y de la cercanía…de lo divino. Porque aquello fue una cercanía muy grande a lo divino, aquel…momento delante de esa imagen bellísima de la Virgen de Las Mercedes, que hay en el Santo Cerro, y delante de la cruz, que conserva astillas de la verdadera cruz de Cristo, y de aquella cruz también que Cristóbal Colón plantó en aquella batalla contra los indios, en la cumbre del Santo Cerro.
Realmente fue un momento de gran emoción para mí, que siempre he recordado, y que siempre he apreciado de mi mamá, tan devota de la Virgen de Las Mercedes.
Ojalá que tantas madres que tenemos en nuestra región, en nuestro país, en el mundo, tengan esos sentimientos para sus hijos,…quieran darle a sus hijos, protectores y protectoras como la Virgen de Las Mercedes, que nunca me ha abandonado, ciertamente. Siempre la he tenido como madre querida y he acudido a ella en muchas ocasiones, y he visto su protección, y he visto su poder.
Así es que gracias por haberme recordado ese episodio de mi vida, cuando tenía apenas 13 años y medio, que llegué al Seminario del Santo Cerro Padre Fantino, a empezar una carrera que todavía va caminando, y cumple hoy sus ochenta años…”
Fotos: Radio Marién.

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