Por: Domingo Estévez 

La mayoría de los países latinoamericanos ha vivido regimenes de fuerza en alguna ocasión a lo largo de su historia.

 
 

La dictadura es el gobierno que se ejerce al margen de las leyes constitucionales y, el control del ejercicio del poder del Estado lo aplica una minoría independientemente de que los demás no estén de acuerdo.

 

Contrario a este sistema político es la democracia, que es el gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía eligiendo a sus dirigentes.

 

El hecho de que la dictadura haya sido desplazada  por la democracia y que la gente continúe aferrada a la defensa de esta, implica que es buena y mucho mejor que aquella.

 

Los partidos políticos son sin dudas, la base por excelencia de la democracia y cada militante debe entenderlo y poseer plena conciencia de sus actos a los fines de no hacerle daño para evitar el retroceso.

 

La política no es mala, muy por el contrario, es una ciencia, se afirma, y la partidista es bellísima si se usa para servir a los demás, respetando sus derechos.

 

Lamentablemente, el comportamiento de muchos políticos esta debilitando la democracia. No son pocos los ciudadanos que afirman que todos los políticos son corruptos, que en campaña prometen todo y cuando llegan a los puestos se olvidan de su pueblo y solo se preocupan por sus beneficios personales y los del grupo de su entorno.

 

Es cierto que ningún funcionario esta en capacidad de resolver todos los problemas de toda la gente, pero también es verdad que muchos pierden la humildad y la identidad para ponerse inalcanzables y altaneros, no se saben retirar, no consultan a nadie para tomar decisiones porque se creen todologos  y lo que es peor, no rinden cuentas a la ciudadanía de los recursos que manejan.

 

Este panorama, preocupante por demás, tiene a la democracia en serios cuestionamientos y quien sabe, si en latente peligro porque en la medida en que continúe la deficiencia y la ambición sin limites de ciertos políticos, así mismo pierden vigencia los partidos y entonces podría un “coronel  quererse casar con la gloria” y buscar pescar en río revuelto. Reflexionemos todos, pues mas tarde, puede ser tarde y entonces las lamentaciones se convertirán en muestras de debilidad.

 

Por suerte, que a pesar de todo, aun hay muchos políticos honestos. 

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