Por: Marcelo Peralta

Santiago Rodríguez, R.D. En mi pueblo hay muchos héroes, algunos se mencionan, otros son anónimos, pese a ello sus recuerdos quedan.

Por diferencia de edad, no conocí al general Santiago Rodríguez.

Sin embargo, pude en ocasiones, hacer varios reportajes cuando laboraba el periódico Listín Diario de algunas de sus pertenencias.

Pude escribir del armario donde el general Santiago Rodríguez guardaba las armas que tenía en su casa de la calle San Ignacio, hoy Darío Gómez, al lado del centro bar.

Un armario gigante construido en caoba, que creo, porque hace mucho tiempo no he vuelto a hablar de esa reliquia.

También, tomé fotografías del pedazo de árbol que servía de pilón para triturar gramos de café líquido que la madre del General Santiago Rodríguez ofrecía a los amigos de su hijo en la guerra restauradora del año 1863.

Además, del pedazo de árbol con un hoyo encima, estaba el otro pedazo de manera con la cual machacaban el grano de café para envolverlo en agua y producir el café en un paño y un alambre dulce con el que hacían el colador.

Ese picó y su mano como le llamamos comúnmente, lo conservaba hasta el año 2001 la legendaria y siempre contentan Ligia Méndez en su ubicada al lado del Partido Reformista Social Cristiano, en la calle Darío Gómez casi esquina Batalla de Capotillo.

Cuando comencé a leer las proezas del General Santiago Rodríguez, en la lucha por la Restauración de la República, sentí admiración, porque dedicó su vida a ayudar a los dominicanos a separarse de los haitianos.

Adquirir conocimientos puede cambiar la vida de los ciudadanos.

Cuando comencé a leer la historia del general Santiago Rodríguez, fue en la escuela José María Serra donde lo que había como asiento eran pupitres y en ocasiones la maestra nos sentaba hasta a 3 alumnos en uno solo.

Por mi timidez, siempre me tocaba en el medio de dos de mis amigos y era difícil escribir porque estábamos apretujados como piñas cuando las llevan de las fincas a los mercados en camionetas.

Sin embargo, no importaba cómo las circunstancias eran desfavorables, pero había que hacerlos por necesidad.

Antes no había medios de transporte suficientes, ni energía eléctrica, ya que por las limitaciones económicas, muchos íbamos a las clases descalzos.

En mi caso particular, tenía que compartir el lápiz y el cuaderno con uno de mis hermanos mayores.

Por mi mente pasan héroes imperecederos, pero el mío ha sido, siguiente siendo y será el general Santiago Rodríguez, por su lucha por la justicia con su valor y habilidades.

Cree firmemente que las acciones de un héroe debe tener profundos efectos en el cambio de la sociedad y Santiago Rodríguez y sus colaboradores lo hicieron.

Y es un héroe que yo admiro.

Por eso exhorto a los estudiantes de hoy día que primero aprensan quiénes fueron los prohombres y mujeres que lucharon en aras de la libertad e Independencia de nuestro país, antes que volcarse a hacia otras latitudes.

Santiago Rodríguez fue un hombre que tuvo el valor suficiente para señalar la injusticia y dejó que sus sueños se propagan a través de todo el país.

Como usted sabe, era muy peligroso en el período en que este prohombre estuvo se atrevió a dar su famosa batalla.

Luchó con cuerpo y alma para logar su sueño, a pesar de la amenaza que contra él y sus amigos se cernía.

Otra cosa es que en este prohombre se despertó la conciencia de la gente a estar en contra de la ocupación haitiana y lograron sus objetivos.

Esa es la razón que lo elegí como mi héroe personal, además de su heroica características.

Aunque la injusticia todavía existe en el mundo y especialmente en nuestro país, cifro las esperanzas de que algún día habrá en el quehacer político un cambio sustancial que oriente a nuestra juventud por mejores senderos, porque a lo visto, en los actuales momentos está descarriada.

Por lo tanto, cuando estoy en problemas para en algo que habla de nuestra historia patria, y no puedo resolverlo, acabo de llamar a mi héroe.

Hasta pronto.

El autor es periodista y actualmente vicepresidente nacional del Instituto de Previsión y Protección del Periodista- IPPP.\

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