Por: Luís Amílkar Gómez

Pennsylvania. En la Sabaneta de los años 60 y 70, los jóvenes no teníamos tantos héroes como los muchachos de estos tiempos. Con el desarrollo de la electrónica, estos niños digitales cambian sus héroes casi a diario y casi siempre son importados.

Ahora los héroes vienen hechos. En mi época, tenían que ganarse el privilegio de llevar ese honroso título y, además, por lo general tenían que ser locales ó nacionales.

Mi héroe favorito era de carne y hueso. Era un héroe sabanetero. Con todas sus virtudes y todos sus defectos.

Crecimos juntos en el mismo barrio. En Bolsillo. El era un pelotero. Me corrijo: un peloterazo.

Se trata de HÉCTOR MAYOBANEX GÓMEZ. Muchos lo conocen como Héctor “Come Azúcar“. El sobre nombre tiene su origen en que desde muy pequeño Héctor era un aficionado a endulzar el agua que tomaba. La eterna queja de Doña Mariíta, su madre, era que el azúcar para el café siempre desaparecía.

El Cacique Mayobanex, como lo bautizó mi amigo y maestro Ramón De Luna cuando jugaba para el legendario equipo amateur Montecarlo en Santiago, era un jugador con unas destrezas extraordinarias.

Es lo que en estos tiempos llaman “un jugador de cinco herramientas“.

Y es que Héctor lo podía hacer todo en el diamante. Quienes lo vimos jugar en la receptoría y en los jardines fuimos testigos de su increíble defensa en ambas posiciones, su poderoso brazo, su velocidad pasmante en las bases, su descomunal poder para sacar la pelota fuera del parque y su innata inteligencia como pelotero.

Particularmente, yo no me perdía un juego del equipo aficionado de Sabaneta. Mi padre y yo viajábamos con el equipo a todos los lugares donde jugaban en domingo. El medio de transporte de ese tiempo, era el camión volteo del ayuntamiento que se usaba para recoger la basura del poblado.

No puedo imaginarme como nos las arreglábamos, pero en la parte atrás de ese vehículo nos transportábamos más de 25 personas entre fanáticos y jugadores.

Siempre esperando un “tablazo” de Come Azúcar.

Recuerdo una tarde en el “play” cuando se jugaba apostando dinero. El equipo perdía por seis carreras y se decidió que El Cacique bateara solo después de dos out. La botó siete veces seguida para ganar el juego.

Un jugador de las condiciones físicas de Héctor en estos tiempos, establecería fácilmente un record en el bono que se le pagaría para firmar con una organización de Grandes Ligas.

Y es que esos ejemplares ya no abundan. Son raros como el oro, como el diamante.

Héctor Mayobanex Gómez perteneció a la Selección Nacional. Representó a la República Dominicana en numerosos eventos internacionales.

Crecí queriendo un día jugar como él. Pero el talento no se vende en botica.

Si lo ven en Sabaneta, díganle que él fué mi héroe.

Que me sé todas sus hazañas.

Que estoy orgulloso de su legado deportivo.

Que siga siendo el caballero que siempre fué.

Que sus jonrones todavía pasean por mi mente.

A pesar del maldito tiempo.

A pesar de la cruel distancia.

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