Por: Dr. Milton Jiménez.
El poco amor al prójimo, la poca tolerancia, el desequilibrio mental, la poca madurez al razonar, la poca educación, la inmoralidad, el abandono a los verdaderos valores, el apego a lo material, el mostrar satisfacción y agradado por la humillación de los demás, la competencia mal sana, lo velocidad en que llevamos las cosas, el creer que nos lo sabemos todo, la poca reflexión y sobre todo el alejarnos tanto de Dios, nos está llevando a un lugar desmedido, incontrolable y absurdo, con inigualables sinónimos conceptual y con ningún antecedente que lo compare con lo peor.

La cualquierización de la vida, colocándola al mismo nivel de cualquier objeto, nos sega la mirada ante el acostumbrado llantos de una madre, un padre, una esposa o cualquier ciudadano que llora la pérdida de un ser querido, cuando se llenan las pantallas de los televisores y las portadas de los periódicos de los mas horrorosos crímenes, realizados con una frialdad comparada solo con la mostrada por los animales más salvajes que habitan la tierra.

La sociedad está aceptando esta práctica como algo normal. La capacidad de asombro se está extinguiendo, mientras en gran parte de nuestros hogares se sufre el trastorno que provoca el dolor por la muerte de un ser querido.

En las calles es normal escuchar un: ¡yo te mato!, o ver una arma de fuego rastrillada y lista para disparar por cualquier tontería. Es normal oír: ¿tú te quiere morí eh?, adornado de otras expresiones, con los gestos de un gallo de pelea, que al contraer los músculos de su cuello sube las plumas en señal de un gran enojo, y sin mediar palabras están siempre listos para la pelea.

Nadie merece morir:
• Por negarse a entender el aumento de la tarifa eléctrica.
• En una discusión en un cajero de banco, por ser el primero.
• Por opinar en contra de alguien.
• Por el celular que le pertenece.
• Por no pararse en un lugar oscuro con la policía.
• Por no tener relaciones sexuales obligada o sin querer.
• Por no querer una relación con alguien.
• Por andar de noche en la San Ignacio de lo Yola.
• Por cien pesos de droga.
• Porque el chofer de una guagua publica no dejó a alguien donde quería.
• Un niño no debe morir porque la madrastra no lo soporta.
• Porque a una menor le excita ver sangre.
Lo que estamos viviendo en nuestra sociedad es un asunto preocupante que debe ser tratado como algo grave y con toda la presteza posible. Esta situación está poniendo nuestras vidas en un lugar muy superficial, en donde alguien deliberadamente puede decidir quitárnosla sin ningún resentimiento.

¿Qué nos está pasando? No puede existir ningún problema en el mundo que nos obligue a quitarle la vida a otro. Todo aquel que aprecia la vida sabe que tan valioso es vivir por nuestros sueños, por nuestras esposas (os), por nuestros hijos, por nuestros padres, hermanos, por nuestros amigos, para hacer algún bien, por aportar, por que la vida es hermosa aun en los peores momentos.

Pero tengo que reconocer que ya se nos están agotando las rosas, las estrellas, las sonrisas, el placer de la brisa, los grandes e intensos abrazos, el cariño, el saludo, el respeto, las buenas costumbres, las hermosas expresiones, la solidaridad y todas esas cosas inmensas que no tienen precio, porque como he dicho en otras ocasiones: “las cosas que más valen, son las que aun el hombre no ha podido ponerle valor”.

Estamos aceptando que maten por matar, cosa que aunque no sea de una manera antojadiza, nadie tiene derecho a decidir hasta cuando viviremos. Respetemos el derecho a la vida, hagamos algo para detener este mal tan peligroso, que aun viviendo nos está matando el disfrute pleno de este mundo maravilloso que Dios nos regala todos los días.

Hagamos un mundo más ligero, pensemos en los demás, la vida está cargada de variadas y extrañas sensaciones que nos apegan a querer seguir viviendo. Antes de cometer un acto de violencia pídele a Jesús que te de un corazón manso y humilde igualito al de él.
¡Y que viva la vida! Que Dios los bendiga siempre..

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