Por: Sergio H. Lantígua
Pennsylvania, USA. Habrá sido creada el alma, provista de algún dispositivo recalcitrante-masoquista, más la obsecante disposición al martirologio romancesco y punitivo? Será que lo inasequible, la perfidia, y el desprecio, son melodramas alienígenos, que hay que experimentar para encontrar el verdadero amor? O es la actitud pacifista resignada, aceptando de antemano el martirologio arbitrario que nos dicta continuar adelante sin prestarle atención a las advertencias impropias, y pautas autárquicas?

Otro subsidio adicto al suplicio de los que andan tras el rastro del amor epistemológico, es la ceguera inconsciente porque generalmente, tienen a su lado o comparten sus vidas con las personas que aglutinan los valores requeridos por sus enceguecidos subconscientes y sin embargo, no se dan cuenta de ello, hasta que sea muy tarde para aplicarles “curitas” a las heridas infringidas al vínculo. Lo que conlleva al deterioro de la misma y su posterior resquebrajamiento.
Duchos en la materia como: Sexólogos, y Psicólogos, no han podido descodificar los intrincados laberintos de la mente humana en lo referente, al comportamiento irracional concerniente a las relaciones amorosas. La diversidad de reacciones, lo impredecible de éstas, los exabruptos, la inmaduréz, el individualismo, etc; todas estas tendencias prejuiciosas, confabuladas entre sí, amamantan el énfasis indomesticable y desenfadado en las aberraciones romáticas evidenciadas a través de la historia sin mostrar ningún comedimiento por las consecuencias acarreadas en incomprensibles circunstancias; lo que nos encauza a teorizar en lo siguiente: Los sentimientos amorosos, enturbian la racionalidad del individuo (a), convirtiéndole (a) en monógamo pensante, postura característica de los enamorados, que posterior a su entresacadura, se vuelven immunes a los disuasivos, que le excarcelen de su encastillamiento irracional.
Un hijastro idóneo del desglose auscultado en el artículo de fondo, es la siguiente prosa, la que en su cabida y prolegómeno, implica el engendro de las secuelas en alusión.
Nos despedimos nuevamente con desprendido afecto.

Desde Pennsylvania, USA.
Sergio H. Lantígua (Hijo de Sergio Lantígua – El Relojero)
arlsergio@yahoo.com

LAMENTABLEMENTE
Lamentablemente, de nuestro idilio, el deseo rescatado, fué insuficiente
Nos tomó solo una noche rematar los vestigios de todos nuestros sueños
Un proceso paulatino que devastara con todo lo que quedaba en fondo
Lamentablemente, con el primer silencio obviamente nos distanciamos
Ocultamos la luna debajo de nuestras almohadas dándonos las espaldas
Abortando el encuentro, queríamos andarlo todo y no recorrimos nada
Asumiendo la ronda de los que deambulan sin ningún sentido figurado
Contaminada el alma de escorias consternadas inculpando al tiempo
Mis últimos suspiros se aferraron tiernamente a tu obnubilada frente
Y nos dormimos maridados al desapego de la noche de una noche más
Fuimos como dos extraños hasta que la mañana despertó las mariposas
Lamentablemente, desconozco el mundo donde se expatriara tu cariño
Donde ya no le avientan flores a los que van de serenata en madrugada
Ahora somos nada porque nuestros sentimientos ya no andan juntos
Lamentablemente, nunca como ahora supe aquilatar el querer perdido
Porque nunca como ahora había tenido que extrañarte tanto tiempo
Y porque nunca antes como ahora habíamos tenido que extrañarnos
Lamentablemente, ya es muy tarde para volver a comenzar de nuevo

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