Por: el Arq. Ricardo González Quiñones.
Quiero llamarlo así, no porque tenga relación con aquella sublime generación de poetas y escritores del 1898 como Pío Baroja, Rubén Darío, Antonio Machado y otros.

Fue un 21 de agosto del 1978 cuando un grupo de adolescentes, sabaneteros, decidimos gracias a nuestros adorados y bien ponderados progenitores, zarpar hacia nuevos horizontes con un bultico con tres ropitas y ochenta maletas cargadas de ilusiones, melancolía, esperanzas y mejor futuro hacia Santo Domingo, a la Universidad Autónoma de Santo Domingo U.A.S.D.

Cuántos sueños. Ser profesionales, salir airosos, pensamientos limpios y nada en los bolsillos. Hoy 33 años mas tarde y habiendo pasado casi tres generaciones de muchachos y muchachas sabaneteros, quiero decirles que para conseguir un objetivo hay que lucharlo, hay que amarlo, hay que esforzarse, porque éramos pobres de dinero, quizás, pero no de espíritu, ni de educación, ni de deseos de ser profesionales.

Ambiorix y Miguel Popoteur, Deysi Espinal, José Payamps, Kenia Peralta, Modesto Guzmán, Ángela Cabrera, Félix Alejo, Naira Núñez, Marielito Hernández, Altagracia Rodríguez, Fanny Cabrera, Alfonso Estévez, Antonia Lora, Rubén Minaya y muchos, pero muchos otros más.

Hoy debemos agradecer a Dios, a nuestros padres, a la vida, porque tomamos las decisiones correctas y las más difíciles en ese entonces. Hoy quiero dejar en la memoria de nuestros jóvenes sabaneteros que estudiar es la forma más digna de salir de la pobreza, de la ignorancia, de los temores a decir lo que se piensa y de vivir a expensas de los que se creen que son los amos y señores de los más marginados.

Un pueblo y un país educado, estudiado y leído, es un pueblo y un país libre.

Hasta pronto, Dios querrá.

Ricardo González Quiñones
Sabanetero

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