Calle Amargura
Por Manuel Núñez
Los haitianos se hallan poseídos de una mentalidad de asistidos sociales. Se parte del principio de que la Humanidad está obligada a practicar la solidaridad ; abrir las cajas de caudales y entregarle cuanto tengan en sus faltriqueras.

En la mayoría de foros internacionales, esta nación sin petróleo, sin riquezas apreciables, clasificada por todos los diagnósticos como el país más pobre del continente, sin capital humano para hacer cambiar esta variable negativa, con su territorio totalmente devastado, y, particularmente, sin un polo de autoridad, porque se encuentra intervenida desde hace un decenio por tropas extranjeras, ha empleado el expediente de traspasarle la culpa de su miserable condición al resto de la humanidad. Muchas metáforas se han echado al ruedo.

Hoy se habla de Estados granujas, Estados delincuentes, sociedades serias que mantienen su apego los principios de la convivencia internacional. En el caso haitiano, hay que acreditarlo como Estado pedigüeño, chantajista abusador, extorsionador.

Basta hojear algunos periódicos para ver el giro que le han impuesto a la aplicación del derecho. Si la República Dominicana aplica sus leyes migratorias, deportando a las oleadas de haitianos que franquean ilegalmente, y sin papeles, su frontera será atacada con la verborrea violenta del pro haitiano. Se ha llegado al extremo de hacer que sintamos vergüenza de aplicar nuestras leyes. Las ONG que alimentan las copiosas denuncias contra el país, le siembran las banderilleras al toro, antes de darnos la estocada. Se ha llegado al extremo de criminalizar la aplicación de nuestras leyes. Si la dirección de Migración dentro del marco de sus funciones deporta a dos o tres haitianos ilegales. Inmediatamente, las ONG arremeten contra las autoridades dominicanas, y envían estas denuncias, que ya forman montañas, a las asociaciones de derechos humanos. Dicho en palabras, todos los Estados del mundo tienen derecho a controlar sus fronteras, menos el nuestro.

Tras el desplazamiento masivo de haitianos lesionados por el terremoto del 2010, muchos de estos se negaban a abandonar las camas de los hospitales, todos abarrotados. Algunos consideraban que el alta debía dársele con un permiso de residencia en el país. Lo cual rayaba en el abuso. Era contraproducente que aquellas personas que habían sido acogidas quisieran convertir los hospitales públicos dominicanos en hoteles o albergues, sustitutos de sus destruidas casas en Haití.

Esa actitud tendente a inventarles obligaciones a los demás, es lo que he llamado la dictadura del débil. Es una propensión a chantajear a los demás. Fabricar campañas de descrédito para arrancarles el derecho a los dominicanos en su territorio. Esta dictadura consiste en convertir la debilidad en un azote. El país más pobre del continente, que tienen el 70% de su población en desempleo, que se lleva las palmas en todas las enfermedades que se transmiten por vectores, que se halla ocupado por tropas extranjeras, porque carece de un polo de autoridad, ha aprovechado la atención del mundo, para emplear esa condición como un rodillo en contra de los demás.

Veamos algunos ejemplos clarividentes. Actualmente hay tres demandas internacionales de Haití:
1.Caso Nadege Dorzema y otros . Se trata de la demanda contra la República Dominicana interpuesta por los derechos habientes de las personas fallecidas en Guayubín. Unos indocumentados que penetraron en un camión que se negó a obedecer a la orden de alto en la frontera de Dajabón. Para detener a conductor temerario, los centinelas fronterizos se vieron forzados a disparar. Eran las dos de la mañana. El camión se volcó. Murieron seis haitianos, que se hallaban ocultos en la cama del vehículo. La República Dominicana fue condenada al pago de un millón de dólares. El caso está en apelación. No bien concluidas las menudencias del caso de marras. El haitiano, Wilnet Jean, adoptando el falso nombre de William Medina Ferreras llevo al Estado dominicano ante el banquillo de los acusados en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por supuesta deportación ilegal. Apoyado el GARR, el MUDHA, por el Observatorio Dominico Haitiano, por el CEJIL y otras ONG. El fallo del juicio llevado a cabo en octubre aún no ha concluido. Y ya ha entrado en liza un enjuiciamiento sometido por el Centro Bonó y todas sus organizaciones apéndices de la orden jesuita. El 24 de marzo el país estará nuevamente en el banquillo de acusados por supuesta desnacionalización de haitianos. El objetivo es provocar una confrontación de las legislaciones de la CIDH con la jurisdicción dominicana. No habrá tregua para los dominicanos.

2. La imputación a la ONU. El Instituto por la democracia y la justicia en Haití, una ONG haitiana radicada en Boston, sometió a la Organización de Naciones Unidas (ONU) ante el juzgado de Nueva York, exigiéndole el pago indemnizaciones millonarias por el contagio del cólera. En el expediente se afirma que la cepa del virus fue traída por un soldado nepalí. Los haitianos exigen100 mil dólares para la familia de cada fallecido. Oficialmente hay 8000 fallecidos y, exigen, además 50 mil dólares por cada afectado. Se calcula unos 500 mil afectados. Las reclamaciones haitianas alcanzan cifras extravagantes de miles de millones de dólares. Con estas imputaciones se ha querido humillar a la ONU, que, ya había amenazado con retirar sus tropas y ponerle punto final a la presencia de los cascos azules . Tras bambalinas, se halla la mano pedigüeña del Gobierno haitiano, aunque oficialmente no aparece en el expediente judicial.

3.El CRAN (Consejo Representativo de Asociaciones de Negros) y el ex Presidente Presidente Aristide incoaron una demanda contra el Estado francés durante el Gobierno del Presidente Sarkozy. La demanda se mantiene aun en el candelero. El Gobierno haitiano mantiene la exigencia que les sean devueltas las sumas abonadas por el Presidente Boyera partir del 1825 al Estado francés para lograr el reconocimiento de la independencia haitiana. En medio de las nieblas históricas, los haitianos presentan esa realidad como una gravio responsable de la pobreza de su nación. Las cosas, sin embargo, pueden verse de otro modo.. La Constitución de Dessalines de 1805hizo todo lo contrario de lo que en Sudáfrica hizo el glorioso Nelson Mandela. Esa Constitución prohibió la propiedad a los blancos; estableció la imposibilidad de convivencia entre negros y blancos.

Expropiados y en las ruinas, esos colonos a los que se les había negado el derecho a la propiedad, confiscado sus casas y haciendas, también se le prohibía el derecho a pertenecer al nuevo país, la mayoría de esos colonos habían nacido en Saint Domingue. Para indemnizar a esos colonosse acordó una suma de 90 millones de francos. Suma que el Estado haitiano pago muy parcialmente. Porque una vez llegados al siglo XX, la deuda le fue anulada. En todos estos manejos, los haitianos se atribuyen el papel de víctimas, que deberían ser tratados como semidioses. Victimas a las que hay que indemnizar, honrar, adorar, exaltar y el Gobierno de Francia estaría perpetuamente condenado a la condición de verdugo, que estarían obligados por una culpabilidad heredada, condenados a la continua reparación económica. En sus cálculos delirantes, sumados los intereses, Francia debería devolverle al Estado haitiano la suma de 21.000 millones de dólares
Conel Uruguay las circunstancias son verdaderamente picarescas Al igual que la mayoría de países con tropas establecidas en Haití, el Gobierno de don José Mujica entiende que la misión de sus soldados no puede extenderse per secoula secoulorum. Que debe ponerse un plazo del retiro definitivo de sus tropas en Haití. Los haitianos, a los que les sobra cachaza e indolencia, no quieren oír hablar de plazos; pero tampoco cooperan con el mejoramiento de la misión .No habido por parte de los haitianos ningún gesto para hacerse cargo de sus responsabilidades.

Un periódico haitiano Tout Haití hizo revelaciones que, posteriormente, fueron publicadas en El Miami Herald, según las cuales las donaciones otorgadas por el Gobierno de Uruguay de 3,4 millones de dólares, no fueron depositadas en las cuentas del Tesoro Público haitiano, tal como fue admitido durante la interpelación que se le hizo al Ministro de Relaciones Exteriores, Pierre Casimir.

El periódico que hizo la publicación fue demandado por el Primer Ministro, Laurent Lamothe. Pero aún no ha presentado las pruebas de que el dinero donado por el Uruguay, haya entrado a la hacienda pública. Aun cuando la demanda fue incoada por unos abogados estadounidenses no se atrevió a extenderla al Miami Herald. Mujica se hallaba dispuesto a retirar sus tropas, cuando estalló el escándalo de que cinco soldados uruguayos habían violado a un joven haitiano.

. En medio de las nieblas y las mentiras, Johnny Jean, el joven violado por los cascos azules uruguayos, fue llevado a Uruguay y declaro ante un juez. Todos sus gastos fueron pagados íntegramente por el Gobierno uruguayo. Se hizo justicia ejemplarmente. Los marines fueron condenados a baja deshonrosa, a perder sus años de antigüedad en los servicios y a dos años de prisión. Antes del comienzo del proceso judicial, el joven haitiano había exigido una indemnización de 5 millones de dólares, en declaraciones dadas a los periódicos de Montevideo (Uruguay) .Tras el juicio, al abogado de la víctima, el magistrado Edwin Marger, se le ablandó el corazón. Redujo la indemnización que le exigía al buenazo de don José Mujica a la módica suma de 2 millones de dólares . Menuda justicia. En Haití ocurren millares de violaciones cada mes; las niñas son prostituidas, y las ONG que han promovido esta imputación no dicen nada.

El Gobierno tras haber privado durante casi tres años a su población de los derechos a elegir a sus autoridades legislativas y municipales, seguía contándole cuentos al Presidente de Uruguay. Y don José Mujica, harto ya de las tomaduras de pelo de los haitianos, les dio un ultimátum, si en 90 días no hay elecciones retiro mis tropas del territorio haitiano, un contingente muy numeroso de un millar de soldados. Y entonces Martelly empleo a su población como escudos humanos y logró una donación de la Unión Europea que asciende a 6 millones de euros para celebrar unas elecciones retrasadas.

Si de algo han de servir las enseñanzas es que la pobreza no nos vuelve personas ejemplares En muchos casos, se combina con la envidia, con el odio a los demás, con el parasitismo, con el envilecimiento, con el vicio, las supersticiones, la ignorancia, y con mundos delirantes desconectados de la realidad. No creo, en puridad, que una vida sumergida en privaciones extremas nos prepare, necesariamente, para la santidad. La idealización de las personas que padecen sufrimiento, metido en las mayores penumbras, no nos vuelve a nosotros sus vecinos culpables de ese hundimiento.

Los dominicanos no somos responsables del naufragio de Haití. Ni lo hemos desforestado. Ni hemos destruido sus riquezas. Ni merecemos el calvario internacional, de que nos tilde como culpables de su ruina. Sobre esa injusticia contra nuestro país, sobre una montaña de mentiras, se han construido las grandes trincheras contra la diplomacia dominicana, Se le ha hecho un cerco internacional al país. Producto de estas circunstancias tenemos que vivir defendiéndonos ante el mundo del cataclismo padecido por esa nación. Nos hallamos sometidos a una guerra psicológica sin precedentes que anula nuestros derechos como nación y como Estado.

Como todas las dictaduras, la dictadura del débil, tiene sus trovadores, sus sacerdotes , sus soldados , aliados , peones y su guardia pretoriana. Pero, también tiene sus enemigos jurados, dispuestos al sacrificio para ponerle fin a este oprobio. Al colapso de una sociedad sin Estado, de un gobierno intervenido internacionalmente, capturado por las mafias y el crimen organizado, que podría hacer naufragar, en su expansión, completamente a nuestra sociedad.
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