Cultura Disolucion
Por Fabio Herrera Miniño
La maldad del siglo XXI ha sido la destrucción del núcleo familiar, dando lugar a que los índices de delincuencia sean cada vez mayores, con todas las sociedades atormentadas el ver que salir a la calle o permanecer en sus hogares constituye un riesgo muy peligroso frente a la demagogia de los gobiernos anunciando planes de represión a nombre de la seguridad ciudadana, los cuales son burlados por los delincuentes y prosiguen con su acción de arrebatar vidas y bienes a los entes indefensos de la ciudadanía.

Todas las sociedades, sometidas al plan de consumo del capitalismo salvaje, están sujetas a las embestidas de todos sus vicios, iniciándose con el desmoronamiento de la autoridad moral de los cabezas de familia, con el surgimiento del afán acaparador de bienes de esas cabezas, los hijos sin estudios y dedicados al consumo o tráfico de drogas, con asaltos a los demás para lograr los recursos que satisfagan sus vicios.

Se acelera la destrucción de la sociedad, ya que el matrimonio dejó de ser el símbolo de la misma; las parejas se unen sin asumir responsabilidades, siguiendo la línea de conducta de otras sociedades más desarrolladas y carcomidas, donde la unión del mismo sexo no es una novedad y es el desafío social a unas costumbres de siglos, y hasta es la moda en Europa y Estados Unidos, presentándose aquí como modélica de conducta responsable ante la sociedad.

Ya la familia dejó de ser el sostén de las sociedades y de los países, para casi dejar a la deriva a los pueblos, sujetos a la merced de individuos con carisma que precipitan a casi todos los países hacia un vacío generacional, donde las creencias y valores de la confianza han dejado de existir para cada quien querer arrebatarle los derechos a los demás, agudizándose con las ambiciones desmedidas de los políticos dirigentes de los destinos de cada pueblo, cometiendo errores ante sus súbditos embobados, sin reaccionar a tiempo, y se ven sometidos a una vertiginosa pobreza y a una pérdida de sus derechos más elementales.

Estamos viviendo una etapa del siglo XXI de contrastantes manifestaciones, la modernidad de las comunicaciones instantáneas chocan de frente de cómo la violencia intrafamiliar golpea severamente sus raíces, y la frecuencia de la violencia de género apaleando a una pareja preocupa a los que todavía creen en ese instrumento de la vida en unión y armonía, pero enfrentado a las presiones de cada vez buscar más recursos y mantener un nivel de vida de acuerdo de cómo la pareja lo disfrutaba cuando eran solteros y vivían bajo la dependencia de sus padres.

Es verdad, ahora existe más preocupación por la preservación de los derechos humanos, un requisito moderno establecido desde que en 1947 se fundara las Naciones Unidas, y por doquier hay entidades no gubernamentales dándole atención a las violaciones y esas críticas marchan apareadas con el color de quienes promueven esa observancia. Vociferan cuando las violaciones son del villano favorito, por lo general un pequeño país atemorizado con sus gritos de alarma y acusaciones, pero son muy cautos y silenciosos cuando las violaciones las cometen los países más ricos de la Tierra, defendiéndose de las oleadas de inmigrantes indeseables de países pobres, que llegan a sus fronteras desde el pobre sur, empobrecido y moribundo.

Las rancias sociedades, antes encerradas en una campana de cristal protectora, y eran defendidas por fuerzas de toda laya, ya no están seguras en sus bastiones; el golpeo es continuo en todos los frentes, y en el microcosmo planetario de un país isleño, como el dominicano, existe el surgimiento de todas las debilidades modernas, acelerándose frente a una indetenible inmigración occidental para no morir de hambre en su país, desplazándose impunemente hacia oriente, donde, hasta ahora, están encontrando sus medios de vida, mientras los cabezas de la sociedad se debaten en sus deberes de patriotismo, o de seguir lucrándose de esos inmigrantes, o dejar el país sucumbiendo, en menos de dos generaciones, a un asedio destinado a revertir la historia.
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