Sergio Lantigua trujillo

Por: Sergio H. Lantígua
Pennsylvania, USA. -Instigado por un par de glosas encomiables, y bien intencionadas, incisas a crónicas pretéritas de éste servidor; una de ellas por el amigo y hermano por conocer Arq. Ricardo González, con quién – dicho sea de paso – me unen lazos espontáneos de agradecimiento ético, surgido de la hermosa relación amistosa cultivada y mantenida a través del tiempo entre su tío Ramón González y mi padre.

Pero sobretodo, por profesar una admiración intrínseca por su labor comunera y literaria. Donde él, muy cándidamente, reseñaba la proliferancia de verbos sofisticados y domingueros, revestidos en la improvisación de nuestras narrativas, los cuales – de una manera particular – apreciaba. El otro señalamiento, dentro de la parábola, fué injerto por el deferente compueblano, el señor Expedito Zapata, quién conjeturo, que su discernimiento rehusaba conceptuar esta anomalía.
Voy a citar también, una frase neófita, que me adjudicara el caro amigo Juan Pablo Bourdierd (Papanín), quién indispensablemente, se aunó al sentir de los amigos implicados, al expresarse en éstos términos, refiriéndose a ésta discordante particularidad de mi quehacer: Don Sergio (por la edad), me imagino, que para escribir de la manera que usted lo hace, tiene que haber volteado muchas páginas a la izquierda! Comento, que ha quedado esculpido para siempre en el mausoleo de mis memorias; porque no creo, que él, ni los aludidos preliminares, tuviesen la menor idea de que ese intelecto, el cual ellos graciosamente me imputan, hubiese sido nutrido en su preludio por el material recaudado de un vertedero comunal, del cual, quizás, hasta puede desconozcan que alguna vez existiese.

Otra salvedad meritoria de ser enjaretada en ésta ristra de observancias, sería, la exteriorizada por un versado corresponsal Puertoplateño, amigo nuestro a quién le mostrase uno de mis prohijados, del que sin haber concluído su lectura, emitió el siguiente veredicto: Ah! Pero éste tipo de comunicación, no la entiende el ciudadano común. Mi frustrada refutación fué la siguiente: Mi estimado, permíteme subrayarte, que no soy periodista. Por ende, no escribimos para subastar noticias y que de profeso, estamos embarcados en ésta travesía quijotil a sabiendas de que es una fórmula selectiva, no de conveniencias encuestadoras, ni de coacción pragmática, pués si vamos a preocuparnos porque una exuberante cantidad de asiduos, lean nuestros subsidios; entonces, no valdría la pena, invertir el esfuerzo en el logro de proyectar disparidad con la parentela, si no podemos preservar liberto el albedrío.

Canada Pecoso
Canada Pecoso

Esto provocó que mis reminiscencias salieran despavoridas en desbocada estampida en persecusión del génesis literario, atrevido, que había gestado y amamantado esta inusual sofistiquez. Tuve que ensillar mi Pegaso quimerista y cabalgar en conteo regresivo hasta mis años de adolescencia en Sabaneta, logrando acorralar algunos correteos entre ellos, uno, de cuando emprendíamos el periplo cotidiano desde nuestra humilde casita en Bolsillo, para ir a visitar la de mis abuelos paternos en la esquina de las calles Gregorio Luperón y Restauración, teniendo que atravesar la cañada seca de Pecoso, usada para esa época, como basurero municipal y cuna de mis primeros pininoss en la bibliofilia.
Dije moisés de mi introducción en la lectura, porque para nosotros era como un ritual, la espera de esa carreta tirada por un jamelgo, cuyo costillar, pronunciado por la constante faena y la mala nutrición, semejaba el teclado de un piano destartalado. Para después de su marcha, dedicarnos al escudriño de cualesquier material legible: magazines, periódicos expirados, muñequitos (paquitos) que ya a otros niños más pudientes no les sirviesen y de vez en cuando un libro con texto deshojado o páginas andrajosas que como todo lo inservible e inapreciado para algunos, es arrojado al desperdicio.

Rememoro de una forma clarividente, que también, en esa librería populista, vimos por primera vez una revista que era editada en Cuba, llamada “Bohemia”. Muy diversiforme en sus tópicos, e inclusive, podríamos establecer sin lugar a dudas, que fué en la citada, donde en primicia leímos – cuando ya habíamos adquirido el conocimiento – acerca de los OVNIS, o apariciones extraterrestres (Platillos Voladores), lo cual a tan temprana edad, no entendíamos, ni un comino, pero que ahora, pesquisamos como el perro sabueso. Otro formato de revista – por ser de tamaño casi similar al de una novelita de vaqueros – que rebuscase con gran interés entre los nauseabundos detritos, eran las “Selecciones” por contener harto material didáctico y una sección de chistes salubérrimos.
Siempre he emulado de los eruditos el decir filosófico de que: “la grandeza del hombre se mide con la vara de la humildad” y es precisamente apuntalados en esa teórica, que puedo enfáticamente proferir, que las meritorias y ponderaciones endilgadas a mi modesta sapiencia, no son el vocero genuino del comportamiento personal que patrocinamos en nuestro círculo. Aunque, la fachada editorial de nuestros óbolos, demuestre un estilo discrepante al enjuiciarlos.

Hemos vadeado una caterva inmensurable de peripecias adversas, también benévolas y acarreado todos estos años de vivencias heterogéneas, vendimiando y almacenando sus frutos para usufructuarlo en el incremento progresivo de nuestro altruista cometido, y que ha sido: avituallarlo de un proceder deferente, exento de fístulas ulceradas que puedan influenciar la moralidad y ecuanimidad de nuestra conducta siempre enemistada de posturas altaneras y desdeñantes en desfavor de nuestra procedencia humilde. Que por su penuria extremada, nunca hemos logrado cercenar su estambre traumatizante de una forma concluyente.

Admito campechanamente, que debió haber sido éste preámbulo calamitoso de mi niñéz, lo que pautara y encausara estas pretensiones y permitiese inscribirme en la “Universidad de la Vida” para que esforzadamente reciclara éstas peripecias, transmutandoles en verborrea Cervantina de la cual no hacemos alarde, sino que de una manera espontánea e innocua, infiltramos en el acicalamiento de nuestras retóricas.

En este exclusivista menester, lo primero que hemos aprendido es a tolerar y hacer hábito de los siguientes preceptos:
a) Que es quimerista el que podamos satisfacer a todo el mundo.
b) Siempre nos saldrán al encuentro críticas detrimento-analíticas.
c) Tenemos que aceptar las discrepancias y aprender de ellas.
d) Tolerar y respetar el derecho impropio refutándolo con razonamientos positivistas.
e) Evadir por todos los medios la diatriba arrogante contra el disidente.
f) Y lo más importante para éste servidor: EL INQUEBRANTABLE RESPETO POR VOSOTROS EN EL CONTEXTO.
Si logramos implementar estos preceptos primordiales, y regular la temperatura de nuestro egocentrismo; habremos de subsistir en preservar la salubridad mental en éste callejón a veces obtuso en el que nos hemos metido.
Nos despedimos como de costumbre, remitiéndoles un saludo fraterno a los amigos implicados, protagonistas de esta dramática y a vosotros, les damos las gracias por su aquiescencia.
Desde Pennsylvania, USA.
Sergio H. Lantigua (Hijo de Sergio Lantigua-El Relojero)
arlsergio@yahoo.com
CITA DE UNA FRASE FILOSOFICA EXPRESADA POR EL EXIMIO DE LA PINTURA MODERNA PABLO PICASSO
“YO HAGO LO IMPOSIBLE – PORQUE LO POSIBLE LO HACE CUALQUIERA”

2 Comentarios

  1. Amigo por conocer, gracias por exponer tus criterios sobre los sinónimos y antónimos que han parido las palabras y que tú de manera cautelosa y espectacular sabes insertarlas
    en cada escrito, en cada poema y en cada evocación, para que tus lectores, anóteme ahí, podamos degustar de un genuino lenguaje cervantino.
    Debo reconocer como un axioma, que su mente si está repleta de las innumerables aceptaciones que han ramificado las palabras.
    Mi respeto y admiración amigo por conocer.
    Ricardo

  2. Estimado amigo por conocer Ricardo: Pido tu bienquista absolución por lo cacofónico de mis complacidas valorías queriendo reciprocar la magnanimidad conferida en tus comentarios exentos de antagonismos. Hermano, no necesito conocerte personalmente para categorizar que eres habiente de un caracter virtuoso y una conducta parigual. Recibe de antemano mi modesto agradecimiento que es el atributo que preservo con más celocía por su patética escasez.
    El respeto y admiración es mutuo
    Sergio

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