Por: Carlos Antonio Fernández. 
“MI PRESIDENTE BELLO en nombre de mi niña y el mío te mando muchos saludos y muchas bendiciones… para que sanes pronto… , que nosotros te necesitamos mucho, porque si tú no estás VENEZUELA no es la misma”

Así escribía una madre venezolana hace solo unas horas devolviendo el cariño a quien lo ha dado todo, incluso a sí mismo, porque la Revolución Bolivariana revindicó los derechos de los oprimidos y devolvió la esperanza a quienes ya nada tenían.
 
Y son esos hombres, mujeres, niños y niñas, jóvenes todos, los que han inundado las calles de cada estado venezolano para hacer votos por la pronta recuperación de su presidente y amigo. De aquel que canta en las plazas inundadas de banderas rojas y les habla bonito, de ese que trae a Bolívar en el pecho y les sirvió un mundo nuevo, pleno de oportunidades y anhelos.
 
Hoy, el escenario es otro, quizás el más difícil de todos cuantos ha enfrentado y junto a él los que, desde hace mucho tiempo, compramos un boleto de viaje en la nave de la revolución. Sin embargo, no hay flaqueza, lo hemos visto triunfar muchas veces y esta no será la excepción.
 
Se dice que personalizar en torno a un líder en los movimientos progresistas en Latinoamérica, compromete sensiblemente la perpetuación de estas corrientes ideológicas más allá de la vida de estos hombres. Aseguran que hablar de “chavistas”, en lugar de “socialistas bolivarianos del siglo XXI”, de “correístas” por “partidarios de la Revolución Ciudadana” o de “fidelistas” en vez de “revolucionarios socialistas cubanos”, es un error. Sin embargo, yo disiento, ya que no veo la diferencia esencial entre una y otra cosa.
 
“Hay hombres en los que van pueblos enteros”, decía Martí y muchos así lo creemos. La historia enseña muy bien, que los pueblos producen hombres-faros, capaces de cambiar la realidad, y Chávez, indudablemente, es uno de esos. De esos imprescindibles que no pueden faltar y que como Fidel deben vivir muchos años para ver la obra bella crecer y perfeccionarse.
 
Es por eso comandante Chávez, que en un “personalismo” más, le digo con este sublime poema de Antonio Guerrero, uno de nuestros cinco gigantes presos en el rincón de la ignominia, que usted está venciendo ya.
 
Regresaré
Regresaré y le diré a la vida
he vuelto para ser tu confidente.
De norte a sur le entregaré a la gente
la parte del amor en mí escondida.
 
Regaré la alegría desmedida
de quién sabe reír humildemente.
De este a oeste levantaré la frente
con la bondad de siempre prometida.
 
Por donde pasó el viento, crudo y fuerte,
iré a buscar las hojas del camino
y agruparé sus sueños de tal suerte
que no puedan volar en torbellino.
Cantaré mis canciones al destino
y con mi voz haré temblar la muerte.
 
I will return
I will return and say to life
I have come back to be your confidant.
From north to south I will deliver to the people
the part of my love hidden within me.
 
I will sprinkle the immesurable happiness
of one who knows to laugh unpretentiously.
From esast to west I will my countenance
with goodness forever promised.
 
For where to wind has whipped, harsh and strong,
I will go looking for the leaves on the path.
I will inite their dreams of such fortune
they cannot fly away in a whirlwind.
I will sing my songs to destiny
and with my voice, make death tremble.
¡Hasta la Victoria Siempre!
 
¡AMOR, CON AMOR SE PAGA!
 

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