Por: Robert Núñez Cabrera
La huelga o paro es la suspensión colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar mejoras en las condiciones de trabajo o manifestarse contra recortes en los derechos sociales; según la Organización Internacional del Trabajo, es uno de los medios legítimos fundamentales de que disponen los ciudadanos y específicamente los trabajadores (a través del movimiento sindical y las organizaciones sindicales) para la promoción y defensa de sus intereses económicos y sociales, (Wikipedia).

En nuestro país los políticos aprovechan éstos movimientos, y muy bien por ellos, para colocarse al lado de los menos favorecidos y demandar junto a estos que se cumplan las promesas, que se arreglen las calles, que se ataque la delincuencia, defienden la equidad social y muchas otras conquistas sociales y laborales justas, correctas, que los dominicanos han demandados por décadas y que ninguno de los políticos, incluyendo los que apoyan la huelga, cuando han gobernados han cumplidos.

Esto no le quita ningún mérito a las demandas y al movimiento, los problemas que enfrenta la mayoría de la población justifica una protesta pacífica que le demuestre a los gobernantes las fallas en las que están incurriendo y les dé un mensaje correcto de lo que está pasando en el país, desnudando a la vez a los funcionarios “habla bonito”, que dicen que todo está bien, como si lo que pasara en sus hogares de potentados está pasando en el resto de los hogares dominicanos.

El triunfo o el fracaso de la huelga marcarán el inicio de la campaña electoral.

Si es exitosa, si sus organizadores logran sus objetivos y paralizan parte importante del país, la oposición se servirá con la cuchara grande, comenzara con el pie derecho a recorrer el camino para terminar de convencer la población de que el gobierno no los oye y que ellos representan la alternativa para enmendar la situación.

Si fracasa, si no logra cumplir las expectativas, los oficialistas iniciaran una carrera ascendentes, difícil de detener, que multiplicaría las posibilidades de ganar las próximas elecciones al fallar éste movimiento-casi plebiscito en el peor momento del gobierno en los últimos siete años. Esperemos.

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