Por: Sergio H. Lantigua

Pensylvania, USA. Por una de esas infrecuentes concomitancias de la vida en días pasados, mientras navegaba al garete por el internet, la quilla de mi barca inquisitoria, encalló en el relato de una leyenda de nuestro folklore, que desde niño acarreara bajo la noción errónea de que ésta era una secuela aglutinada a la práctica del “Budú” Haitiano, o quizás por asumir inocuamente, ya que su nombre así lo indicaba; o tal vez, influenciado por el fragmento histórico de haber sido intervenidos por ésta cohabitante nación.

La questión es, que me tomó 70 años de vivencias para despejar la interrogante de éste tan mentado personaje en nuestra niñéz, pero para mi estupefacción, ésta revelación, no era una fábula, como conjeturaba, sino una epopeya fidedigna, emanada de las pugnas precedentes de los campesinos por la tierra en contra de los terratenientes criollos.

En concordancia con los datos compilados en su cedulario, Florinda Soriano Muñóz (Mamá Tingó), nació en Villa Mella, un 8 de Noviembre de 1921, hija natural de Eusebia Soriano. Esta es una comunidad ubicada en la parte Norte de la ciudad Capital y renombrada por sus suculentos chicharrones. Era hija natural de Eusebia Soriano. Contrajo matrimonio con un campesino oriundo de ésta comarca, llamado Felipe, con el cual procreara una familia.

Fué militante activa de la vigente Liga Agraria Cristiana, que aglutinaba a unas 350 familias pobres que venían luchando por conseguir los títulos de propiedad de las tierras en donde residían, pertenecientes a terratenientes y políticos de aquella época de quienes se decía eran malversados.

Antes de su homicidio, tuvieron ocurrencia una serie de enfrentamientos entre los ocupantes y los reclamantes, donde resultaron heridos varios jóvenes y le fueron cercenadas las orejas a una señora nombrada Altagracia Rosario, como escarmiento.

En trifulcas subsecuentes, decenas de campesinos de la comunidad fueron sentenciados a prisión, incluyendo a Mamá Tingó, que aunque ya en una edad avanzada, continuaba luchando contra los desalojos injustificados. El móvil de su parricidio, fué una querella presentada contra el terrateniente Pablo Díaz, quién aparece como autor intelectual del hecho y cuyo ejecutante lo fuese el señor Ernesto Díaz (Turín).

Estas son anécdotas contadas por un primo de Mamá Tingó, Juan Muñóz De la Cruz, quien recuerda aquellas vivencias diciendo: Estos eran terrenos camineros, pero que tenían su dueño. Se decía que eran pertenecientes a una familia Marchena, pero la gente seguía trabajándolos hasta la llegada de un mayor de las Fuerzas Armadas de apellido Román, de quién se dice le compró las parcelas a toda la gente a quienes posteriormente desalojó y esta parte donde residimos en la actualidad, la cercó un señor Carbucia. Relata, que ésta fué la inauguración de la lucha por la tierra.

Sigue reseñando, que más adelante, el mayor Román, vende las tierras a un señor Virgilio Pérez Bernard, para sembrar piña, lo que por consecuencia reactivó y acrecentó la proporción de la lucha, provocando el apresamiento por un mes de una gran cantidad de aquellos agricultores insubordinados.

Luego, Mamá Tingó y un señor conocido como Higinio, arrendaron por un año un pedazo de terreno coincidiendo con las elecciones y campaña Balaguerista de quien dice el entrevistado, prometió repartir la tierra en litigio. Empero, lo que se hizo fué cercar el perímetro, exacerbando la movilización de todos los vecinos quienes para asegurar sus fundos, las fraccionaron con alambres de púas.

Continúa narrando el señor De la Cruz, que ella empezó a moverse por las oficinas de los partidos vigentes, ya para ese entonces andaba respaldada por la organización Liga Agraria Cristiana de la (FEDELAC), y también por la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC), que siempre respaldaron a los campesinos pleiteantes.

Es entonces, cuando ella empezó a tratar de entrevistarse con los politicos aludidos, quienes le hacían promesas, pero cuando ganaban no le daban la cara, que ella tomó la decisión de hacerse cargo de la lucha como vocero-dirigente de la misma. Recuerda Don Juan a sus 73 años, que Mamá Tingó, formó en una ocasión, un movimiento de niños y ocupó la sindicatura de Yamasá, en su defensa por la tierra. Continúa exponiendo, que sus agresores nunca imaginaron que al ejecutarla, las acciones se recrudecerían.

Brígido Nolasco, profesor de primaria y quien fuera su vecino en Gualey – hoy Sabana Grande, conserva unos apuntes, que escribiese hace un tiempo relacionado a su lucha, reconociendo en ellos, lo servicial que era Mamá Tingó. También reseña, que llegó a procrear una familia de 7 hijos a quienes cuidaba subsidiada por una hermana mientras trabajaba la tierra y que nunca tuvo la oportununidad de asistir a la escuela.

Jesús María de Paula (Enriqueta) una hija de crianza suya, continúa luchando por los terrenos, según describe el citado a la fecha de éste reporte, junto a otros compañeros sindicalistas de la región de Yamasá

En Octubre del 2005, el síndico del municipio Santo Domingo Norte, licenciado Daniel Carvajal Louis, develó una tarja en honor a la heroína Florinda Soriano Muñóz (Mamá Tingó) asesinada en el año 1974. No se hace ninguna reseña específica en cual gobierno ocurrió el suceso, lo cual no nos sorprende en lo más mínimo.

Nuestra esperanza es de que como yo, algunos de ustedes quizás ignorantes del origen, hayan disfrutado de ésta exposición que viene a responder una interrogante que gravitara en mi crónica personal por tantos años y que estoy en la completa certidumbre de que habrá de ilustrar a algunos más.

Nuestra apreciación anticipada por la molestia y dedicación de su tiempo a la lectura de éste encargo.

Nos despedimos de ustedes con gran afecto

 

Desde Pensylvania, USA.

Sergio H. Lantigua (Hijo de Sergio Lantigua-El Relojero)

arlsergio@yahoo.com

PENSAMIENTO FILOSOFICO:

YO CREIA QUE LA RUTA PASABA POR EL HOMBRE Y QUE DE ALLI TENIA QUE PARTIR SU DESTINO – Pablo Neruda

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