Por: Arq. Ricardo González Quiñones

La pena que me causó la muerte de ese muchacho barbero de apellido Saint-Hilaire, en un lamentable accidente de tránsito, me ha hecho reflexionar y escribir este modesto artículo de opinión.

 

 

Primero, por el hecho de los que vivimos en Santo Domingo, que para llegar a nuestra querida Sabaneta, debemos desplazarnos más de 250 kmts. y segundo, leyendo en los medios de circulación nacional, las estadísticas de los accidentes de tránsito en nuestras carreteras, son de brinco y espanto.

 

Julio del 2009, cerró con un balance de muertes en accidentes de tránsito, que le pone los pelos de  puntas a cualquier mortal.

 

Entre los años 2004 y el 2008 murieron 7,042 personas por accidentes de tránsito, un promedio de 1,760 muertes por año o más bien, 145 muertes por mes. Y este promedio parece que vá en aumento con el tiempo.

 

Buscando datos concretos, encontré las estadísticas arrojadas por la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), donde la tasa de mortalidad por accidentes de tránsito para esta región es de un promedio de 16.9 por cada 100,000 habitantes, pero nuestro país casi duplica este número, siendo de 30.4 muertos por cada 100,000 habitantes, sólo superado por El Salvador con 31.1 muertes.

 

Estas estadísticas deben servirnos para buscar mecanismos que reduzcan de manera significativa la tasa de mortalidad por accidentes de tránsito.

 

Mientras en nuestras calles y carreteras, se maneje de manera irresponsable, temeraria y suicida, esa tasa irá en aumento.

 

He aquí algunos factores que inciden en el aumento de estas muertes:

1.- Falta de educación en los que manejan vehículos de motor.
2.- Falta de conocimientos e irrespeto de las leyes de tránsito.
3.- Dejadez de la policía de tránsito para controlar los conductores.
4.- Total desconocimiento de la policía de tránsito de las leyes de tránsito.

5.- La institución encargada de expedir las licencias de conducir, que se la
     otorgan a personas que no saben leer ni escribir.
6.- Los chóferes de autobuses, patanas, voladoras, y otros vehículos pesados
     que conducen sin ningún principio de conservación de la vida de los demás.
7.- La gran cantidad de pasolas y motores que transitan en nuestras calles,
     sin control de las autoridades, desafiando el peligro y poniendo en riesgo
     la vida de los demás y la de ellos mismos.
 
Con gran respeto y cariños

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