Elegía por las muertes de mis padres

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Por: Ricardo González Quiñones
Quiero decirles, que mi familia no tiene con qué pagarle la demostración de solidaridad, respeto, cariño y amistad que tuvo este pueblo con nosotros.

Mi padre, Don Eligio Arcadio González Blanco, fue un hombre humilde que nació en la calle San Ignacio con Libertad, vivió un tiempo en La Joya y luego nos mudamos en la calle San Ignacio de nuevo y ahí murió. Estuvo suscrito al periódico Listín Diario por 73 años. Con un régimen de vida muy pausado, leía de seis a ocho horas diarias por unos 82 años ininterrumpidos, con un promedio de 210,000 horas (doscientas diez mil horas de lectura). Estuvo casado con mi madre Doña Ángela Quiñones Castellanos de González por 67 años hasta que aquel 16 de septiembre del 2009 mi madre fue llamada a la morada del Señor.

Nos enseñó a respetar a los demás, a ser honestos, nos educó, nos condujo por el camino del bien en la vida y nos enseñó a tener lealtad. Trabajó en el Banco Agrícola, el de Reservas, en la O.D.C. en Sabaneta, y cuando fue cancelado por un político de mi pueblo porque no era Reformista, tuvo que irse a Santo Domingo y trabajó en Rentas Internas donde fue pensionado.

Cultivó una amistad con todos los hombres, mujeres, adolescentes y niños de su natal Sabaneta y otras ciudades. Nunca tuvo diferencias con ninguna persona, el amor al prójimo lo hacía caminar con pasos firmes y lentos por toda la geografía nacional.

Hoy, después de 102 años de vivir en paz con Dios y sin dañar a nadie, Papá se despide con un hasta luego. Gracias a todos ustedes, por estar con nosotros en la funeraria, en la iglesia, en el entierro, gracias por tantas llamadas telefónicas alentadoras, mensajes de texto, coronas de flores, esos abrazos de solidaridad, por firmar el libro de condolencias, por hacernos sentir protegidos y amados por este pueblo. Gracias del alma.

Yo no quiero los treinta de noviembre,
ni navidad, ni música, ni jengibres,
ni vinos, ni coñac, ni Cuba libre,
ni lloviznas, ni 31 de diciembre.

No me hablen del 16 de septiembre,
ni de combos, ni brisitas navideñas,
no me hablen en voz alta, menos en señas,
ni de luces, retoños, quien los siembre.

No me sirven las pisadas sin mis padres,
se marcharon lejos, lejos, no lo encuadres,
en un viaje sin regreso, al infinito.

Solo retratos, soledad, calma cimera,
roto el tiempo, se enfermó la primavera,
hoy albergo conformidad, Padres Benditos.

Hasta pronto, Dios querrá,

Ricardo González Quiñones
Sabanetero

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1 Comentario

  1. Querido, apreciado, admirado Ricardo
    Tú y tu familia toda deben sentir orgullo del bueno por los padres que tuvieron y por el legado que dejaron a su familia, a la comunidad y al país.
    Ante la imposibilidad de retenerlos nos queda el compromiso de emularlos.
    Mi abrazo solidario.

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