Por: Dr. Bienvenido Segura
La derrota de Hipólito Mejía en las pasadas elecciones ha provocado un pandemónium en el Partido Revolucionario Dominicano. Sin lugar a dudas, esta es una de las crisis más graves y profundas de toda su historia.

Pero este conflicto viene de lejos. Los traumas generados en la convención de marzo del 2011, donde se escogió como candidato presidencial al jefe del PPH, nunca fueron superados por el sector de Miguel Vargas Maldonado.

Las contradicciones y las diferencias entre Hipólito y Miguel traspasaron las fronteras partidarias para ubicarse en el plano personal y familiar. La inmadurez primó en ambos dirigentes y desde entonces están separados y enemistados de forma irreconciliable.

Ninguno de los dos tuvo la grandeza de ser humilde y por eso asumieron actitudes inadecuadas, radicales e irreflexivas frente a su propia realidad. Ellos colocaron sus intereses personales y de grupo por encima de los intereses de su propia parcela política. Apostaron al fracaso electoral y lograron su objetivo.

Hipólito ha demostrado hasta la saciedad que no estaba en condiciones ni tenía cualidades para ser presidente de la República Dominicana. El país no merecía ser gobernado otra vez por este inepto, díscolo e incapaz aspirante.

Este pobre e infeliz candidato no pudo demostrar en todo el trayecto de la campaña electoral una pizca de intelecto, ni el más mínimo nivel de conocimiento para dirigir los destinos de la nación y ahora quiere justificar su derrota a como dé lugar.

Pero Miguel Vargas, con su equivocada y desactualizada “visión empresarial de la política” tampoco entendió su rol en el proceso y decidió “enroscarse y encapsularse” para evitar que su antiguo jefe y posterior verdugo tuviera éxito en sus pretensiones de retornar al solio presidencial.

El pueblo dominicano observa con mucha atención el asqueante y repugnante espectáculo que están protagonizando Hipólito y Miguel, en su afán de ver cuál de los dos logra quedarse con la propiedad y el control del PRD.

El comportamiento irresponsable del PRD y sus dirigentes, rompe con el ambiente de paz, armonía y tranquilidad que quieren y merecen los dominicanos y las dominicanas en el periodo de transición, luego de dar al mundo, vivos ejemplos de civismo democrático en las elecciones presidenciales del 20 de mayo.

Esta crisis divisionista tiene al PRD al rojo vivo, y lo bueno es que ésta lo aleja del poder por muchos cuatrienios, despejando el camino para que continúe el progreso y el desarrollo sostenido representado por el Partido de la Liberación Dominicana.

Para comentar: (Deben poner sus nombres completo y reales); SABANETASR.com no es responsables a ningún comentario.