Por: Eugenio Taveras
Las diversas opiniones que he escuchado sobre la red social llamada Facebook son muchas y variopintas, toda vez que las familias han involucrado a todos sus miembros sin importar la edad y cada quien tiene una página abierta al público desde que sabe deletrear papá y mamá.

Desconozco el peligro que implica inmiscuir a niños y niñas, sin medir las consecuencias futuras, partiendo de la premisa de que por ese medio se publican todas clases de barbaridades, muy ajenas a lo que nosotros debemos inculcarle a nuestros hijos desde su nacimiento: valores en todos los aspectos.

La sociedad está inmersa en un aceleramiento desmedido en el que poco nos importa que será del mañana de nuestros hijos y la aplicación que ellos les den a lo aprendido hoy, porque a fin de cuentas copiar es la costumbre impuesta de generación en generación, pero, lamentablemente, estamos acudiendo a un duplicado mediocre en estas tres últimas décadas.

La modernidad y el neoliberalismo traen consigo el sacrificio de muchas partes importantes del núcleo familiar, que es de donde debe emanar la verdadera enseñanza para enfrentar la podredumbre que pulula por esas calles atestadas de parásitos nauseabundos y corrompidos por la misma sociedad que hoy los aúpa y que mañana les dará su merecido, acorde con los pasos dados en la madeja tejida con alambres de púas, simulando una especie de trampa donde la precaución y orientación de los tutores debe ser el paso a seguir, pero que se ha esfumado hacia una galaxia de la tercera dimensión y se nos perdió en el tiempo.

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