Por: Robert Núñez Cabrera.
Danilo Medina durante la campaña siempre dijo que uno de sus objetivos principales sería resarcir a los más necesitados e inmediatamente después de electo, ante la tumba de Juan Bosch, a reiterado que gobernara privilegiando a ese segmento de la población que ha esperado dilatadamente por alguien que continué la obra iniciada por su líder en 1963, tronchada con aquel funesto golpe de estado.

Podría pecar de iluso, como dirían los más escépticos, pero algo me dice que en éste hombre perseverante existen sentimientos muy distintos a los que han adornado a los Primeros Mandatarios que han gobernado la nación desde 1963.
Es el primer activista político que llega al Palacio Nacional en la historia moderna, de origen humilde, conoce la pobreza, la iniquidad, no he visto signos de que le guste la idolatría y es un padre de familia convencido, y esto último por sí solo, tiene un importancia capital: el que cree en la familia, cree en la sociedad.
Debemos esperar como se maneja con los intereses económicos y políticos, como enfrentará a los sectores que solo buscan enriquecerse a cualquier precio. El gabinete que escoja será la primera señal. Debemos darle el beneficio de la duda. Los que lo enfrentaron aducían que era más de lo mismo, que había participado del gobierno y otras cuantas verdades buscando descalificarlo, pero esas razones que la oposición señalaba como debilidades es donde está su fortaleza.
Danilo conoce la clase política, los empresarios, al cojo sentado y al ciego durmiendo, para decirlo en sentido figurado, no tiene excusas, está obligado a hacerlo bien. a realizar un gobierno decente y transparente. Si así lo hace borrará la forma de hacer política y gobernar, se hablará de antes y después de El. Por el contrario, si falla, el partidismo, que está en crisis, perecerá indefectiblemente.

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