Danilo Medina Boceto
Por Fabio Herrera Miniño
El mensaje presidencial que acompañó la presentación que hiciera el presidente Medina el pasado día 27 de febrero de sus memorias, se caracterizó porque el mismo recuperó la esencia de ese tipo de mensaje, y no se convirtió, como había ocurrido en los pasados 50 años, en una larga elaboración de sueños, proyectos y demagogias.

Las presentes generaciones, por encima de los 70 años, tenían conocimiento de esas alocuciones y a las que nos acostumbró Trujillo en sus presentaciones ante la reunión conjunta de las Cámaras, para escuchar un mensaje inocuo de simples informaciones del comportamiento de cada ministerio o secretaría de Estado en su tiempo antes de la modernización a esos ministerios, y el presidente de turno presentaba un informe detallado de las realizaciones de su Gobierno, incluyendo el comportamiento presupuestario.

Desde que el doctor Joaquín Balaguer inició su dilatado Gobierno en 1966, en su primera presentación ante la reunión conjunta en febrero de 1967, se iniciaron los largos mensajes de los proyectos, críticas, sueños, realizaciones y de proyectos que sacarían al país de su atraso.

De esa manera, esas alocuciones gustaban al público, que gozaba analizándolas y buscándole el lado bueno o el malo, según el color político de sus simpatías. Ese interés no duraba más de dos semanas, a menos que no se tratara de un pronunciamiento trascendental como aquel del pasado año cuando el presidente Medina anunció la negociación del contrato con la Barrick Gold para la explotación del oro de Pueblo Viejo.

Desde los tiempos del presidente Balaguer, los políticos que ocuparon la Presidencia desde 1978, continuaron esa costumbre de largas alocuciones acompañadas de las memorias del Gobierno, dejando de lado del mensaje oficial de acompañamiento de lo estipulado por la Constitución de la ejecución de cada año, para sumergirse en otros temas políticos que reclamaban alguna atención oficial, y la opinión pública consideraba que ese escenario de la Asamblea Nacional era el más idóneo para darle rienda suelta a ciertas consideraciones políticas acerca de lo que el presidente pretendía o soñaba de lo que debían ser sus áreas favoritas como la educación, la salud, la seguridad hasta la corrupción o sus relaciones internacionales, y que muchas veces esos largos mensajes hacían cabecear a más de uno de los asistentes a esas maratónicas reuniones.

En esta ocasión que el presidente Medina llevó las memorias de un año completo de sugestión, fue muy didáctico en la forma de cómo detalló sus realizaciones, muchas muy notables y externó su orgullo de cómo manifestaba su hazaña suprema, que es la erradicación del analfabetismo del país marchando con buen pie con mucho entusiasmo y motivación. De seguro que para fines de este año, el presidente podrá anunciar el cumplimiento de un sueño acariciado por todos, pero no había una voluntad política de los gobiernos anteriores que se decidiera a llevarlo a la práctica, él podrá exclamar a viva voz, como su emoción del pasado jueves cuando arrasó con una copa de agua, que ya el país está libre de analfabetos!

Fueron muchos planes de alfabetización fallidos, desde aquel que en la década del 50 del siglo pasado implementó el dictador Trujillo, que lo motorizó a través del Plan Trujillo de Alfabetización, y con entusiasmo obligado enroló a centenares de empleados que noche por noche, durante dos horas, se dedicaron a alfabetizar adultos de forma gratuita, pero los resultados no fueron los más adecuados, y el país, desde entonces hasta ahora, arrastraba un índice de analfabetismo superior al 18%.

La coherencia que el presidente Medina mostró en su mensaje, confirma su peculiar forma de gobernar, en que cada paso que da refleja una cuidada planificación sin dejar nada al azar, de forma que sus proyectos se cumplan, y más ahora que señaló cuales iban a ser sus cinco grandes obras como joyas delicadas que le darían brillo y realce a su administración.
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