Por Sergio H. Lantigua
Existen particularidades incidentales en las vivencias del ser humano, propensas al ensimismamiento espiritual, que cuando nos toca conocerlas, o nos saltan al frente, meditabundos, tenemos que demorarnos en el camino para conferir cuan extraña es la vida y de qué forma tan tornadiza funciona a veces… porque la vida puede ser radical en algunas circunstancias y permisiva en otras.

Observado desde un estrado equánime, existir, conlleva una caja atiborrada de sorpresas, que muy bien pueden adulterar en questión de segundos, lo cotidiano. Unas, son trascendentales, y otras insignificantes de las que aprendemos rápidamente algunos, y que terceros, para levantar el pié, deben tropezar repetidamente, y a base de frustraciones, visualizar lo acaecedero a travez de un prisma inteligible y favorido.

Cuando tuve el privilegio de leer la historia de este personaje, la cual narro a continuación, me fué tan impactante e impresionable, que opté por postergar el poema que ya tenía previsto para la supuesta congruencia, al discurrir que era mucho más mereciente de que la hiciese partícipe por su ecuanimidad, y enseñanza moralista.

Esta crónica representa a una miriada de protagonistas residentes en este país, y en vecindarios conocidos o desconocidos por nosotros y vosotros con una historia parigual a la del referido por lo que quisimos hacerles esta entrega reflexiva, y es la siguiente:

Guillermo descalzi, ciudadano peruano, abdicó a su vida de docencia en un colegio fundado por sus padres en su pueblo natal para después de haber experimentado la magia de la televisión, perseguir el sueño americano de convertirse en un personaje televisivo, lo que le lleva a trasladarse hasta los Angeles, California, amparado por una visa de estudiante.

Allí, comienza a trabajar con el metal, haciendo anillos, los cuales vendía por las calles para poder subsistir; luego de un tiempo, y por medio de un amigo, comienza a laborar en el ambiente anhelado – hacer televisión – en el que ascendió desde ayudante de cámara, a camarógrafo, luego redactor hasta llegar a director de noticias en KDTV canal 60 (SIN) Univisión.

Para el 1992, ahora trabajando en Telemundo, en la ciudad de Nueva York, obtiene su licenciatura en Ciencias y una maestría en las Artes. Además pasa a ser su corresponsal en la Casa Blanca, en Washington, D.C.

Este señor Descalzi, se hizo renombrado por toda América Latina, y por su descollante desempeño en el periodismo nacional e internacional, logró el distinguido honor de ser también, corresponsal de dicho canal en las guerras de Nicaragua, Golfo Pérsico y Kosovo.
En el climax de su carrera por el año 1994, nuestro reseñado, desaparece como por arte de magia, del ámbito divulgador sin dar ninguna explicación plausible. Simplemente, un día, desapareció!

Resurge nuevamente dos años más tarde, cuando Pedro Sevcec, otro redactor de la noticia y ex-compañero suyo en el canal Telemundo, aparece en un documental-video-grabado en Washington, en una casa semi-derruída, y abandonada, llena de desperdicios, yendo al encuentro y rescate de su otrora amigo, ora vuelto un guiñapo humano, viviendo como un indigente más en aquel arrabal de desahuciados.

Este presentaba un aspecto deplorable, mostrando evidencia en sus ojos decaídos y palabras balbuceantes, algunas cuerdas, otras insensatas, como consecuencia de su aberración y uso excesivo del alcohol y las drogas.

La primera pregunta de Sevcec fué la siguiente: Qué pasó contigo Guillermo? A lo que él, le respondió, evidentemente embarazado: “A mí, nada. Me caí del caballo, y me ha sido muy difícil montarme de nuevo”.

Despué de sostener una larga charla, y varias interrupciones, Guillermo, le cuenta como fué que las circunstancias le hicieron abdicar; el porqué dejó todo atrás para convertirse en lo que era en ese instante. Un mengano ignoto.

Dijo haber arribado a la conclusión de que todo en la vida, no era fama, dinero y poder, que nada de eso llegó a tener relevancia para él en algún momento y que su sola alternativa, fué aceptar la realidad o continuar manteniendo una imagen plástica, pués se había cansado de las burlas de compañeros y supuestos amigos a sus espaldas por su incipiente adicción a los estupefacientes.

Explicaba que esas fueron las condiciones anímicas que lo llevaron a experimentar las dos opciones más álgidas y antagónicas que un ser humano pudiese atravesar en su vida, la fama y la miseria.

“Es momento de volver a la realidad Guillermo”, le dice entonces Sevcec. Hay un momentro de silencio que después de un buen rato se rompe y Guillermo, asiente con la cabeza, y diciendo que sí, abandonan el lugar.

Ya de vuelta a su programa, Sevcec, orgulloso, presenta al amigo extraviado, que deseaba recobrarse y que ese día regresaba del infierno degradante de los depauperados para demostrar y afrontar con valentía, la retahila de albures que habría de arrostrar en la novicia oportunidad que nuevamente, le brindaba el destino.

Subsecuentemente, este se interna en un centro de rehabilitación en Miami, Florida, en donde logra recuperarse completamente del apabullante vicio.

Guillermo Descalzi, el hombre que vivió en la opulencia, y la pobreza absoluta, desprendido de todo lo material, quién llegase a ser un alcohólico y drogadicto, pero que como expresara él mismo: “Para algunos, la vida, es un juego, para mí, la vida es un poema, y esto que viví, no es más que una estrofa del poema de mi vida”.

Esta es, una de las historias más impresionables, que yo haya podido conocer en toda mi longevidad, y que viene a reafirmar mi creencia de lo vulnerable que somos ante la embestida de las degeneraciones embaucadoras de la sociedad seductiva en que vivimos actualmente.

Si me lo permiten, y desprovisto de toda pretensión sermónica, quiero compartir con ustedes mi estratagema para mantener a raya mi genética egolatría, cuando por nimia que sea la razón, deambula un poco ofuscada:

“Lo primero que hago, es tomar conciencia de mis limitaciones, y tratar de superar mis dudas al respecto, luego arribo al convencimiento de que mi verdadera identidad y valor como ser humano no está basado en lo que me crea ser, o lo que piensen que soy, sino que yo mismo antes que todo, tengo y debo de apreciarme y valorarme.”

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