Convento Dominicos
Por Federico Henríquez Gratereaux
Recuerdo con toda claridad el día en que Ventoldo entró en la Heladería Los Imperiales. Subió los escalones de una de las puertas y vino derecho hacia nuestra mesa.

–Señores, tengo listo el proyecto de cultivar el árbol de las horas; sembraré un reloj despertador y otro de bolsillo para obtener un bulbo mixto del tiempo. Después abonaré el terreno con “borra” de café. En mayo, con las lluvias, espero ver brotar del árbol las 24 ramas que corresponden a las horas del día. Me miró entonces con aire angélico y una sonrisa bobalicona congelada en el rostro. Mis amigos quedaron sorprendidos, un poco asustados, con esa revelación inesperada de Ventoldo.

Cuando se acercó el camarero de la heladería, Ventoldo dijo: quiero un helado de bizcocho. Los compañeros de mesa aprovecharon la ocasión para preguntarme – con gestos de ojos y de boca– qué le ocurría al recién llegado. Enseguida puse mi mano sobre su hombro en señal de amistad y de que no había peligro en acogerlo. –Ventoldo, ¿qué es un bulbo mixto del tiempo? –Ustedes saben muy bien que en el mundo corren dos tiempos a la vez. Aquí, en la ciudad colonial, no tienen ustedes más que ir al convento de los dominicos para comprobarlo. La Iglesia tiene en su año litúrgico los tiempos ordinarios y los “tiempos fuertes”: Adviento, Navidad, Cuaresma.

–Los empresarios también tienen dos tiempos: el tiempo de trabajar y el tiempo libre; con eso no se juega; para tener vacaciones es necesario trabajar un año completo. Cada planeta tiene dos tiempos distintos; hay horarios diurnos y nocturnos. El pasado y el futuro son dos tiempos diferentes; ninguno de los dos existe: uno porque se ha ido; otro porque no ha llegado. La vida entera es una “estructura bitiemposa intermitente”.

–Está bien, Ventoldo; pero no me has explicado nada del bulbo mixto. –Ah, es que tú preguntas demasiado. Quieres saber lo compuesto antes de saber lo simple. El árbol de las horas, como todas las plantas, tiene ramas; además, produce flores y frutos. Comer el fruto del tiempo, permitirá salir y entrar de la cotidianidad a lo extraordinario, los dos tiempos en que se consumen las vidas de los hombres.
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